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Empezaba el tercer día de adiestramiento de Midori. El tercer día sin comer y orinándose encima, en unos pantaloncitos dos tallas más pequeños de lo que le correspondía. Dormía muy poco por la noche, cada vez que me despertaba la veía mirándome, yo aprovechaba para toquetearle los pechos desnudos. A las nueve de la mañana le di permiso para salir de la cama pero sólo para arrodillarse de cara a la pared, llevaba las manos atadas a la espalda.

Cuando empezó a removerse le pregunté si tenía caca o pipi y ella por signos me dijo que lo segundo, la dejé orinar en la pared. Luego le quité la mordaza.

- A partir de hoy sólo te pondré mordaza cuando yo coma y tu estés a mi lado y a la hora de dormir, el resto del tiempo, y siempre que no estés castigada, podrás hablar libremente.

- Gracias amo. ¿Puedo preguntarte algo?
- Puede ser.
- ¿Cuando podré comer? ¿Y cuando me podré quitar los shorts sucios?
- Cuando aprendas.
- ¿Y qué tengo qué aprender aún? ¿No he aprendido suficiente?
- Cuando llegue el momento, lo sabrás.
- Por favor, amo, haré lo que quieras.
- Te vas acercando.
- Por favor, amo, por favor.

Fuimos a la ducha, esta vez la dejé ducharse conmigo. Se orino también bajo el agua mientras yo la morreaba, entre mis hombres y yo la enjabonamos bien, luego la limpiamos y finalmente la secamos, seguía atada y con los shorts, que salieron de la ducha chorreando

- Hoy empezarás a aprender las verdaderas funciones de una sumisa.
- Si, amo.

Mientras yo desayunaba la deje con seis de mis mayordomos, yo miraba

- A dos les masturbaras con las tetas, a dos con la mano y a dos con la boca, por ese orden.
- A sus ordenes amo.

Al principio le costaba mucho que mis hombres se corrieran, sin manos, ellos la hacían moverse arriba y abajo como un cuerpo muerto, luego le empezó a coger gusto, cuando le desataron las manos dio las gracias y les llamo “amos” y cuando volvieron a atarla volvió a dar las gracias. Cuando los chicos se corrieron en su boca y se tragó todo el semen creí que se moría de gusto.

- Aaaah! No recordaba lo dulce que es el esperma.
- Bien, ahora que has acabado con esto recibirás veinte latigazos.
- ¿Por qué amo? ¿Me he portado mal?
- Te darán los latigazos porque yo quiero y ya está. Empieza a contar.
- Uno…

La hice entonces andar, con pesos colgando del cuello, sin pesos, con las manos unidas por una barra, con esposas en los tobillos, con esposas en las manos, siguiendo una línea del embaldosado, etc.… cuando le salía algo mal la azotaban con fusta, tres golpes, para que estuviese atenta. Cuando ya estábamos acabando dijo:

- Amo, tengo que cagar.
- Bien, párate aquí y caga.
- ¿Con pantaloncitos y bragas puestos?
- Eso mismo.
- Pero amo, eso es indigno.
- Tú, hazlo, avisa cuando acabes.

Y lo hizo. Luego le hice dar veinte latigazos en el culo por asomo de desobediencia, yo la aguantaba por delante mientras recibía los golpes. Luego me senté en una silla y ella sobre mis rodillas y le empecé a dar biberones de agua con sal y azúcar, cuando ya llevábamos un litro de agua bebida me empezó a pedir que parásemos. Yo le obligué a beber hasta llegar a los dos litros. Mientras bebía se dejaba tocar por todas partes y yo me aprovechaba.

Volvimos a hacerla andar hasta mi hora de comer. Entonces la dejamos parar, le pusimos mordaza, se puso a mis pies y me dejaba tocarle el pelo, el culo, el chocho cuando yo se lo decía. Y con las tetas, eso ya era barra libre.

Cuando acabé de comer la pusimos en el suelo, boca arriba, sin mordaza y puse mis pies, uno sobre su ombligo y otro sobre su coño. Puse una película guarra en el video y así estuvo hasta que acabo la película. Le pedí que, en cada escena y en cada variación de la película, me comentara si le gustaba o le desagradaba y que era lo que le gustaba o le desagradaba y así pude hacerme una idea muy precisa de sus gustos.

Luego volvimos a hacerla caminar pero ya poco porque, tras tres días sin alimentarse, estaba muy débil. Luego le dimos un pincel y pintura roja y un lienzo en blanco y le hicimos dibujar sobre el lienzo, aguantando el pincel con los dientes, cada diez minutos le azotábamos la espalda diez veces, por pintar mal, y le limpiábamos las piernas porque la mierda cagada por la mañana se le iba deslizando al suelo. En toda la tarde hizo pipi dos o tres veces, recuerdo que al orinar la primera vez dijo:

- ¡Que mierda! Odio este olor a orines.

Las otras veces ya no dijo nada.
Cuando llegó la hora de irse a dormir suplicó.

- Por favor amo, quítame los pantalones.
- ¿De verdad lo quieres?
- Mas que nada en el mundo, amo, ya no aguanto más.
- Te quitaré los pantalones pero será a cambio de que me dejes joderte viva, por detrás, por delante y por donde se me ocurra.
- ¿Y me limpiarás el culo?
- Si.
- Entonces, hazlo, por favor, amo.
- Hay más, te pondré unos nuevos pantalones y braguitas luego, pero no estarán limpios mucho tiempo.
- ¿Pero no tendrán mierda? Caca, quiero decir.
- No, a menos que tú lo quieras.
- Entonces adelante, amo.

Entonces la llevé al cuarto de baño, le bajé los pantaloncitos, lo cual no era muy fácil, siendo dos tallas más pequeños de la que era su talla real, le limpie el culo y la duché entera, manos atadas, luego la penetré por detrás y me corrí en su coño, lo cual ella celebró muchísimo. Luego la pusimos en la cama con unas bragas que ya había usado mi ama de llaves y la dejé dormir. Empezaba a parecerse a una verdadera sumisa.

Amo-san

 

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