Relatos |
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No sabía que había pasado, pero la situación ya se me hacía intolerable. Mi marido era un joven hermoso al que muchas mujeres deseaban y en tan solo un año de casados, yo había tenido sexo con un montón de viejos de la vecindad, haciendo con la mayoría de ellos cosas que mi marido consideraba propias de la peor de las putas. Mi marido me trataba con muchísimo respeto, a veces deseaba en el otra fogosidad y trato. Todos aquellos viejos desagradables me habían hecho sentir un placer que mi marido jamás había alcanzado. Me sentía como la peor de las putas, a veces llena de culpa. Mi vecino don Manuel me había estado cogiendo toda la tarde y haciéndome cosas que mi marido jamás hubiera imaginado, vestida además con mi ajuar de novia. Me sentía sucia y puta, y lo peor de todo es que el placer que había experimentado con ese viejo de casi 60 años y otros viejos del barrio era con creces mucho mayor de lo que jamás había sentido con mi marido. A mi vecino don Manuel fue al primero que le chupe la pija, haciéndoselo saber porque me calentaba más la situación, además de ser el primero en darme a tomar su leche. Fue el primero en romperme el culo haciéndome disfrutar con el trato humillante que me daba y logro que estuviera pendiente de la llegada de un hombre de casi 60 años que disfrutaba de mi a placer. Mi esposo lo odiaba profundamente y ese era un motivo más de placer. Pensé en ese momento que lo mejor quizás fuera la separación, pero también amaba a mi esposo a mi manera. Esa tarde después de que don M anuel se había ido, luego de haberme cogido dándome el inmenso placer que me daba tratándome como a la peor, diciéndome que yo siempre sería su puta, culorroto y que mi marido era un pobre pendejo que tenía que dedicarse a hacerse pajas mientras hombres como el me cojían. La imagen volvía una y otra vez a mi cabeza, ese hombre viejo rompiéndome el culo en mi cama matrimonial, mordiéndome el cuello, mientras yo estaba en cuatro dispuesta y rendida a cada uno de sus caprichos, pidiéndole a gritos que por favor me dejara su leche en lo más profundo de mi culo, mientras veía ya hasta en mis sueños la cara de morbo que le provocaba cada uno de mis pedidos. Fueron casi dos meses de visitarme a diario, ese hombre que inclusive tenía las llaves de mi casa, pensaba en mi marido que lo odiaba, y si se enterara que este hombre abría la puerta de su casa y hacía con su mujer lo que le viniera en ganas, llenándola de su leche sin ningún tipo de cuidado. Esa tarde después que don Manuel me cogiera quede desnuda con mis medias de liguero y mi portaligas. Tome la foto de matrimonio de arriba de la mesada y quede llorando sentada en el sillón del living, mirando mi cara de inocente, junto a mi marido, sintiendo a la vez como los restos de semen del viejo empezaban a salir de mi concha calentándome aún más. Me sentía sucia, pero a la vez me parecía delicioso. Estaba decidida, lo esperaría a mi marido y que el me golpeara y me dejara, no soportaba más tanta suciedad. Con la foto de matrimonio en las manos me quede llorando en el sillón del living. Pasaron unas cuantas horas y sentí la puerta del departamento que se habría. Yo no podía dejar de llorar y mi marido se me quedo mirando con mi única vestimenta de medias con liguero y totalmente desnuda, vino hacia mi que gire mi cara para no mirarlo mientras lloraba profundamente, me tomo la cara con sus manos y me pidió que no llorara que todo seguramente tendría solución. Me puse de pie y le grite que se fuera que su esposa era una sucia y una ramera fácil, que se volvía loca con el sabor de una pija, mi marido me miraba serio y con cara de tristeza me decía que no sería para tanto, que seguramente estaba solo un poco confundida. Lo vi acercarse y mirar la mancha que los restos de semen de don Manuel habían dejado en el sillón al salir de mi concha. Andate por favor, le grite. Mi marido se puso de pie y salió de la casa, yo cerré con llave detrás de él y me fui a acostar. Estuve casi dos días sin salir de la casa comiendo las cosas que tenía en la heladera, no le abrí a nadie en esos dos primeros días. Al tercer día, sentí una llave jugando en la puerta y me apresure a abrir pensando en que era mi marido que regresaba, al abrir lo vi a don Manuel que me miraba seriamente y agarrandome de los pelos, me arrodillaba delante de él a la altura de su bulto. Que sea la última vez, que dejas la llave puesta desde adentro, decía al tiempo que yo había liberado su pija del encierro y había empezado a chapársela. Dejando la puerta abierta, me llevó a l a habitación y tirandome sobre la cama me puso en cuatro dedicándose primero que nada a mi culo del cual se había vuelto un adicto. Mientras me cogía me decía al oído que había escuchado los gritos con mi marido, lo que lo había calentado más y me susurraba que sería lindo si tuviera la suerte de que mi marido llegara y me encontrara ocupando el lugar que realmente me merecía, como la perra que era, sentía la panza del viejo que caía sobre mi espalda, debo reconocer que era el hombre que mayor placer me había proporcionado. Amaba su pija y satisfacer sus caprichos era mi mayor placer. De repente escuche un ruido y no lo pude creer, al girar mi vista estaba mi marido en el marco de la puerta observando la cogida que don Manuel me daba, no sabía cuanto hacía que había llegado, pero me sentía a punto de reventar, empecé a hablar en voz alta presa de la calentura, si don Manuel rómpame bien el culo no como el putito de mi marido que no sabe tratar a una hembra como usted la trata, lléneme el culo de su leche que voy a cagar su lechita en el baño mezclada con mi mierda, deje de mirar a la puerta dándole mi boca al viejo que me la babeaba llenándome de abundante saliva que caía de su boca. Al tiempo que no paraba de bombearme, cuando volví a girar la cara hacia la puerta lo vi a mi marido con su pija en la mano pajeandose y tuve un orgasmo que sentí nacer desde lo más profundo de mi ser. Lo mire a don Manuel y le dije, don Manuel, muéstrele al putito de mi marido como me coje un macho como ust ed, este giro la cabeza hacia la puerta y al ver a mi marido apareció en su rostro su habitual cara de morbo al tiempo que me tomaba de la cintura y empezaba a serrucharme más fuerte. Empezó a reírse dándole la bienvenida a mi marido diciéndole que era un sucio pajero y que yo necesitaba un hombre como él y no un puto pendejo pajero. Me siguió cogiendo bien duro mientras yo tenía una serie interminable de orgasmos y mi marido se pajeaba apoyado en la puerta del dormitorio. El viejo me lleno el culo de su leche dando gritos de placer que no eran habituales, era obvio que se los dedicaba a mi marido. Se puso de pie y acercándose a mi marido, lo tomo del cuello y lo llevo a mi culo que este empezó a chupar, diciendo que se tenía que acostumbrar a ser una pobre sucia puerquita, acabe mientras mi marido me chupaba el culo. Cuando estuve más tranquila le dije a mi marido que seguramente había muchas cosas que tenía el que aprehender, que buscara una silla y se sentara al costado de la cama a ver como se trataba a una perra como yo. Don Manuel se sentó apoyado en el respaldo de la cama y yo me puse entre sus piernas empezando a saborear su pija, limpiándosela de los restos de mi mierda, de vez en cuando lo miraba a mi marido con cara de puta. Don Manuel le decía a mi marido, que era una lastima que teniendo una hembra tan hermosa no la supiera satisfacer, pero que podía quedarse tranquilo. Luego de chuparsela un rato larguísimo, la pija del viejo empezó a reaccionar en mi boca. Jamás se echaba más de un polvo en un día pero que mi marido permaneciera sentado mirando lo calentaba más que cualquier cosa. Me acomode de cara a don Manuel metiendo su pija en mi concha mientras este empezaba a chupar mis tetas. Mi marido estaba sentado en la silla mirando todo el tiempo mientras jugaba con su pija en un lento sube y baja. Vas aprendiendo algo mi amor, que lastima que siendo tan joven y lindo me tenga que hacer disfrutar un viejito como don Manuel, eh..., el viejo por toda respuesta me tomo de la cintura y me dejo clavada sobre él. Que suerte que tenés, le dijo a mi marido, como le gusta la leche a tu mujer... y como la disfruta en el culo. Lo miro serio y le dijo, ni se te ocurra tocárselo..., me llego a enterar y la vas a pasar mal, le dijo. Mi marido empezó a aumentar el ritmo de su paja. Mientras yo tenía un orgasmo. Lo mire a don Manuel y le dije por favor metamela de nuevo en el culo don Manuel, que mi marido lo considera sucio para alguien tan limpito como el, y me acomode de nuevo en cuatro mirándolo a mi marido de costado. La pija del viejo se metió de nuevo en mi culo al que estuvo un rato interminable cogiendo, le resultaba muy difícil tener más de un orgasmo por día. Porque no te vas?, le dije a mi marido, nunca vas a aprender a ser un hombre, quien te necesita putito?, su pija empezó a escupir leche, al tiempo que don Manuel al verlo me escupía la cara y dejando caer su peso sobre mi caímos tirados sobre la cama. Se quedo con todo su peso sobre mi cuerpo un rato larguísimo. La saco de mi culo y otra vez estaba bien sucia de mi mierda que me dedique a limpiar como sabía que al viejo le gustaba. Mi marido no perdía la erección. Estaba todo el tiempo al palo. Lo mire a mi marido y le dije, acercate a limpiar la mierda de la pija de don Manuel que es de la puta de tu señora, se puso de pie y sin decir palabra empezó a chuparle la pija al viejo, después de un rato que lo chupo le dije dejame y se la seguí chupando haciendo que viera cuando acababa como su leche iba a mi boca y yo la degustaba y luego la tragaba. Andate, si queres dormir en casa dormí en el sillón, hoy voy a dormir con don Manuel. Mañana vení y vemos que pasa. A ver que decide él. Mi marido me miro y salió cerrando la puerta detrás de él, me dormí con mi cabeza sobre el pecho del viejo y mi mano alrededor de su pija. |
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Stop a la Pedofilia
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