Relatos |
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ERA UN DIA NORMAL DE PLAYA Era un día normal de playa, si se podía decir que algún día de playa era normal. El sol de las cinco bañaba mi piel como si una dulce y experta amante se tratase. Esperaba que mi primo volviese de darse un baño en el mar. Habíamos ido a la playa para pasar el día allí, y luego tal vez, darnos una vuelta por la ciudad. Estaba tumbado en la toalla cuando la vi pasar, su pelo negro mojado por el agua dejaba caer un par de gotas en su espalda que lo recorría de una forma maravillosa. Como un acto reflejo me di la vuelta para poder ver donde estaba su toalla, y tal vez un poco más tarde poder ligar con ella. Tenía unos ojos verdes hermosos encuadrados en unas pestañas negras muy tupidas. Se sentó en una toalla cercana a la mía, mientras me daba la espalda. Hablaba con una amiga, una chica rubia bastante atractiva, que estaba a su lado, tomando el sol, con un bikini rosa bastante mono. Una gota de agua cayó de su pelo y fue resbalando por su pecho. Me quedé mirando sus pezones erizados por el frío del agua, se tumbó en la toalla mientras se dejaba acariciar por el sol. Sentí una punzada de placer diciéndome que me estaba excitando al ver esa dulce chica. Las dos chicas cuchichearon algo mientras me miraban. Una sonrisa apareció en su rostro con una mirada picara que aniñaba su cara. La chica se levantó mientras yo deseaba que mi empalme se viese ido ya. Caminaba algo torpe por culpa de la arena, que resbalaba bajo sus pies. Me quedé asombrado cuando se sentó a mi lado. - ¿Eres de aquí?- dijo; yo me quedé algo extrañado por lo que estaba pasando. Una chica preciosa estaba flirteando conmigo. - No estamos aquí para pasar el día.- Contesté a la chica. - Se que te quedaste mirando, te apetece seguir mirando.- Yo no sabía que decir. – A mi amiga y a mi nos gusta que nos vean mientras jugamos, te apetece mirar.- Susurró me al oído mientras notaba que mi brazo recibía la caricia de sus manos, tal vez intentando estimularme un poco más de lo que yo estaba. Pensé un par de segundos esa suculenta invitación; dos chicas estaban invitándome a presenciar como se lo montan. Sería el culmen para que fuesen las vacaciones perfectas. Yo acepté acariciándole el interior de sus muslos. Su sonrisa de placer fue todo lo que yo necesitaba en ese momento. ¿ Pero que haría con mi primo? - Si queréis, puedo llevar a un amigo.- Sugerí mientras poco a poco iba avanzando hasta su vagina.- Podemos entretenernos todos después de jugar vosotras. - Os esperamos en el paseo. A eso de las seis. Y con esas palabras se fue a su toalla mientras se lo contaba a su amiga. Me lanzaban miradas al mismo tiempo que se mordían el labio o acariciaban de una forma inocente y lasciva el muslo, la cara, o la espalda... cuando llegó mi primo le conté lo que había pasado con esas chicas; la desconfianza por lo que había pasado hizo a mi primo rechazar la oferta; cosa que yo no hice, necesitaba verlo. Mi primo se fue ha casa mientras yo me reuní con las chicas en el paseo. La morena iba vestida de blanco un pantaloncito y una camiseta blanca en la que podía ver que no llevaba sujetador; la rubia llevaba un vestido corto a rayas. Me llevaron a un hotel cercano a la playa. Los empleados del hotel no parecían extrañados por lo que estaba sucediendo en ese momento. En el ascensor comenzaron a acariciarse y besarse sin disimularlo ni un segundo. Acariciaban sus pechos de una forma apasionada, que me producía deseos de hacerles lo mismo. Me quedé mirando como se besaban el cuello mientras poco a poco recorrían cada parte de su cuerpo. Veía como una mano entraba por el pantaloncito ajustado de la morena mientras que la rubia, se dejaba acariciar los pezones por encima de su vestido. Deseaba que el ascensor no llegase a su fin, pero parecía que mis deseos no se cumplían en ese momento. Salimos de la habitación sin dar importancia de los duros y jugosos pezones que tenían las dos, por esa excitación producida por lo que sucedió en el ascensor; yo por mi parte tenía mi verga deseosa de salir de su prisión. En la puerta la morena me invitó a acariciar el trasero de su amiga, que ella gustosamente ya lo estaba haciendo. Puse mis dedos en su trasero por encima de su ropa. Ella se acercó más a mi mientras mi excitación, por si cabía más, aumentaba al sentir esas posaderas cerca de mi verga. Al entrar en la habitación, se deshicieron de sus maletas en un rincón y siguieron con lo que estaban haciendo. La morena parecía dispuesta a hacer lo que la rubia quisiese; se desnudaban mutuamente, los pantalones de la morena no parecían un estorbo para buscar su placer, que metía incesante su mano para darle placer a su amiga. Al mismo tiempo que la rubia besaba los pezones duros y desnudos de la morena. Estaban medio vestidas y muy excitadas, cuando al fin se dieron cuenta de mi presencia y se desnudaron por completo, permitiéndome ver los mas suculentos detalles de su anatomía: el lunar de la cadera de la morena, los pubis casi rasurados de las dos dejándome ver los labios perfectamente dibujados debajo del vello. La morena se tumbó encima de la cama, con las piernas abiertas, lo suficiente para ver su clítoris y su vagina en pleno esplendor, mientras que la rubia se arrodillaba entre ellas dejándome ver al mismo tiempo, su vagina húmeda por los dulces preliminares que me dejaron ver en el ascensor; su clítoris sobresaliendo un poco entre unos labios inflamados y muy apetecibles. Sentía deseos de hacerle lo mismo que ella le estaba haciendo a su amiga. Le acariciaba el clítoris con la lengua mientras su “victima”se acariciaba los pechos o se daba algún que otro peñizco que aumentaba seguramente el placer que estaba sintiendo. De su boca salían gemidos de placer que ahogaba mordiéndose el labio. Poco a poco fui acercando mi mano hasta mi polla bastante dura y tiesa debido a ese espectáculo; notaba como una gota lubricaba la cabeza y poco a poco el tronco. Comencé a extenderla con mi mano mientras las chicas empezaban a jugar más fuerte. La rubia comenzó a meter un par de dedos en su vagina lubricada de la morena estaba dejándose, hacer al poco tiempo introdujo otro mientras la chica morena estaba a punto de llegar al orgasmo. Aumentaba el ritmo de sus embestidas cuando al fin llego, quise seguirle el ritmo, pero no pude, era demasiado rápido para mi. Las chicas se besaron de nuevo mientras se dijeron algo al oído. Me miraron lascivamente, al mismo tiempo en que yo disminuía mi ritmo; con una sonrisa pícara bajaron de la cama a gatas acercándose a mi silla; las dos me lamieron el tronco de mi polla, una por cada lado, mientras con disimulo me apartaban las manos de allí y me las ataban a las patas de la silla - Aun no, no hemos acabado- dijeron mientras le daban la ultima chupada a mi polla. Volvieron a la cama, era el turno de la rubia. Se puso de espaldas a la morena mientras ella le lamía la espalda hasta llegar a su culo. Con cuidado le separó las nalgas mientras le introducía la lengua por el ano, y con un par de dedos jugaba con la vagina y el clítoris húmedo desde que comenzó a jugar con la chica morena. Sabia que tenía un par de dedos dentro estimulando tal vez su punto g. El sudor ya se notaba en sus cuerpos y eso me excitaba aun más. Era un espectáculo digno de los dioses. He de reconocer que la rubia se corrió rápidamente, por que seguramente ya estaba excitada por haber jugado con su amiga. Volvieron a besarse y acercarse la una a la otra para acariciarse de nuevo; para darse más placer. - Tranquilo, no te hemos olvidado.- bajaron de nuevo de la cama para desatarme y desnudarme antes de darme lo mejor que recibí esa tarde. Las dos comenzaron a chuparmela mientras notaba como una mano me masajeaba los huevos y otra mano intenta abrirse paso por mi ano. Aunque pareciese algo estúpido me gustaba lo que me estaban haciendo. Las chicas siguieron chupándomela hasta que estuve a punto de correrme, entonces ellas bajaron su ritmo haciendo que mi placer siguiese hasta cuando ellas decidiesen. Estaban pajeandomela cuando se besaron y se volvieron a acariciar el pecho y el coño. La rubia besaba a la otra en el cuello, mientras me preguntaban cual de las dos era la que mas me gustaba. - Las sois maravillosas, no puedo elegir.- Dije mientras veía como se acariciaban de nuevo. - Tienes que elegir.- Dijo esta vez la rubia. Acariciando la piel de la morena hice mi elección. La rubia dio un par de lametones antes de bajarse de la cama y ocupar mi antiguo sitio. La morena me chupó un poco la punta. - No te corras ahora- Decía mientras se tumbaba a mi lado.- sino me dejaras un poco insatisfecha.- su amiga tenía las piernas abiertas de par en par, mientras jugaba con su clítoris y su vagina muy lubricada por esa tarde. Besé esa delicada boca que había estado en el cuerpo de su amiga; sus pechos fueron el manjar que mis manos acariciaron, antes de que bajasen hasta su vientre y su clítoris. Hacía todo lo posible para no acabar antes que ella; pensaba en la cara de mi primo cuando le contase lo que me había pasado. Me puso un condón mientras le besaba el cuello y los pechos; se sentó en mi vientre mientras se movía para darnos placer a los dos. Subía y bajaba sus caderas de forma de una forma divina, primero suave y relajado pero aumentaba su ritmo de sus movimientos. Hasta que se volvió loca de placer. La tumbé en la cama mientras la envestía con demasiadas ganas; me corrí dentro de ella pero con suerte tenía el condón puesto para no lamentar males mayores en un futuro. Me quitó el condón, después me lamió los restos de semen que aun quedaban en ella. Volví a casa mientras deseaba en encontrar esas chicas otra vez en la playa. Mi dirección: ajcora@hotmail.com |
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Stop a la Pedofilia
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