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Me extraño mucho que Midori me despertase, ya que lo tenía prohibido. Pero parecía muy apurada y gimoteaba tras la mordaza

-Vamos a ver ¿Pipi?
_mmm-negó

Me quedé sin ideas

_ ¿Quieres hablar?

Negó. Eso significaba que ella confiaba en que yo averiguaría lo que ella quería siguiendo un repertorio.

_ ¿follar?

-mmm-pareció pensárselo un momento y luego negó-

Finalmente se me ocurrió

-¿Caca?
_mmm-aceptó

Podría haberla hecho mearse encima pero como ya llevaba mucha presión decidí aligerarla de ella.

-Vale, vamos, si llegamos al lavabo y puedo quitarte la ropa podrás cagar tranquila

Aunque tardamos bastante en llegar ya que ella estaba esposada de muñecas y tobillos, llegamos a tiempo, le bajé las bragas, se sentó en la taza y cagó. Le quite la mordaza.

_Gracias amo, ¿me limpias el culo o prefieres que manche los pantalones?

Sonreía.

_ ¿Por qué sonríes?
_Porque ya solo me quedan dos días de hambre y porque quiero ser tu mejor sumisa, amo.
_He educado a docenas de sumisas, no creo que llegues a ser la mejor.
_Ya verás como sí, amo
_Bueno, hoy te dejaremos en braguitas pero no creas que eso te hará la vida más fácil. Vamos a comer.

Le limpie el culo con papel y esponja y le quité los pantalones. La deje en top-les, la volví a amordazar y nos fuimos a desayunar, Mientras yo comía ella me iba ofreciendo su cuerpo desde diferentes posturas y yo iba tocando, luego dejé que la tocase alguno de los criados.

-Bueno, ahora te alimentaremos fuerte porque si no, no resistirás todo el trabajo que te toca hacer
-¿Me darás un buen biberón de meados, amo?
_Ayer no querías
-Sí, pero le estoy cogiendo el gusto
_Meados primero y agua con azúcar después

Así que hicimos posturitas. A cada nuevo biberón que yo le daba, ella adoptaba una postura distinta, por fin le liberé las manos pero con la condición de que no las usase para nada que no fuera caminar a cuatro patas, o lo que yo le ordenase transitoriamente, claro. Así pudo beberse un biberón en la postura del perro. Le fui dando tantos biberones que al final ella dijo

_Amo, creo que voy a orinarme aquí mismo
_Perfecto, déjate la braga puesta y con lo que caiga llenaremos el último biberón.
_Esto es demasiado amo
_ ¿No quieres hacerlo?
_Lo haré por ti, amo, pero por nadie más lo haría

Orinó y le dimos a beber lo que su coño había expulsado. Se lo bebió, aunque con mucho asco.

_Bueno, ahora vamos a vendarte los ojos y pondremos una miga de pan en el suelo y tu tendrás que buscarla con la lengua

Estuvo allí media mañana, lamiendo el suelo. Cuando se encontraba el pie o la bota de alguien lamía hasta que le decíamos basta. Finalmente le pusimos la miga de pan, la comió y nos dio las gracias.

-Bueno, ahora te follarán dos de mis sirvientes, uno por delante y otro por detrás
_A la orden, amo

Se la estuvieron follando a fondo, ella casi no movía las manos a pesar de tenerlas libres, estaba desacostumbrada. No le quitamos la venda. Me pareció que empezaba a cansarse, Decidí arriesgarme a cansarla aún más.

Ya has aprendido a ser pasiva. Ahora debes aprender a ser activa. Te ataremos un consolador alrededor de la cintura y harás gozar al ama de llaves

_Y a ti también, amo

Se dejó quitar la venda y poner el consolador. Entonces entró el ama de llaves vestida en bikini

_Ven aquí, perra más que perra, te enseñaré a respetar al amo- dijo mi sumisa-
_Cogió al ama de llama y en dos zarpazos le arranco la ropa, rompiéndosela.

Entonces la puso de espaldas y la penetró por el culo, el consolador tenía cuarenta centímetros

_Ah! No me hagas daño, jodida
_Calla

Estuvo dándole por culo su buen cuarto de hora, la otra se corrió un par de veces, entonces se la puso de cara y la volvió a penetrar pero por la vulva. Le dio meneos hasta que se corrieron las dos.

Pero al acabar estaba muy débil. Dio dos pasos, tambaleándose, dijo “me encuentro mal” y cayó al suelo, desmayada.

Había sido un error por mi parte hacer trabajar tanto a Midori, y teniendo en cuenta que estábamos en su quinto día de ayuno. A partir de ahora o acabábamos con el juego o teníamos que ir con mucho cuidado. No volvía en sí e hice que me trajeran leche, le di a beber a pequeños sorbos mientras la iba despertando.

_Amo ¿Qué ha pasado?
_Calla y bebe
_ ¿No soy tu sumisa?
_Calla y bebe
_No quiero
_jodida del demonio, tu no querías empezar esto y ahora no quieres acabarlo
_Estoy bien, amo, de verdad, déjame un momento que me reponga y seguimos

Aflojamos la guardia y entonces ella se puso los dedos en la boca intentando hacerse vomitar

-¿Estás loca o que?
_Amo, el juego sigue y yo me sé las reglas, jugaremos según las reglas o te arrepentirás
-Está bien, dime cuales son las reglas,
_Para beber, sólo biberones llenos de agua con sal y azúcar o con pipí. Eso lo acepto, lo demás lo vomitaré en cuanto pueda
_Esta bien- me resigné- que traigan un biberón con agua y azúcar.
_ ¿En que postura me lo tomo?
_La que quieras
_Vale, pero después de cada biberón me dais dos latigazos en las nalgas. Y subidme las bragas que ya hace mucho que las llevo bajadas. Y tú, amo, no te atrevas a dejar de tocarme el coño y el culo porque te acuerdas.

Lo hicimos todo como ella quiso hasta que se bebió dos litros y medio de agua. Con esa cantidad de líquido en el cuerpo no tardaría en orinar. Empecé mi comida del mediodía y ella al lado, no la amordace ni le ate las manos, ella se puso debajo de la mesa, dijo “déjame hacer a mi, amo”, me bajó la cremallera con los dientes, con la lengua me fue sacando la pilila y empezó a hacerme una mamada sin que intervinieran para nada las manos. No paró hasta que se trago mi semen. Quería hacerme otra pero se lo prohibí, ella transigió a condición de que le atase las manos y la latigara uno de mis hombres. Se conformó con tres latigazos.

Para evitar que se moviera en exceso o hiciera de las suyas, la encadene a una silla y nos pusimos a ver un partido de fútbol en la tele. Para que no pensara la hacia hablar, nos explicamos chistes, me enteré de sus gustos en cine y de muchas cosas acerca de ella. Yo hablaba de cualquier cosa que no fuese sexo. Quise aprovecharme de sus conocimientos de cuando trabajaba para la mafia pero a eso se negó totalmente diciendo que no era una soplona. Me pareció bien ya que yo hubiese hacho lo mismo. Mientras hablábamos anunció que se iba a orinar y la hice mear allí mismo, sin bajarle la braga

Ya eran las seis de la tarde cuando empezó a quejarse de que aquello no era ser sumisa ni ser nada. Para distraerla la hice andar como un perro, con bozal y cadena., hice que la latigaran y que la sodomizara uno de mis ayudantes. Por si acaso, la castigaba, no me atrevía a dejar de hacerlo para que ella no se matase interpretando su papel de sumisa. Le hubiese dado de comer pero los dos sabíamos la regla: nada hasta el domingo. Entonces a ella se le ocurrió lo de ponerse un pin en las tetas, se lo pusimos pero se desmayo. Le volvimos a dar biberones de agua pero algo iba mal porque biberón que entraba por arriba meada que salía por abajo. Entonces fue cuando vino el médico. Dijo que podíamos aguantar con el juego siempre que en lugar de agua le diésemos orina en el biberón, que no nos preocupásemos si orinaba mucho, es que ya llevaba más de cuatro litros de agua dentro. En el biberón de orina que le dimos le puse una yema de huevo y nunca lo supo, al menos eso creo. Por cierto, que ahora era ella quien decía donde y como quería ser tocada y se mostró irreductible en lo de recibir tres latigazos en el culo después de cada biberón

Finalmente llegó la hora de cenar, y ella se puso a mi lado, la amordace para que no repitiese el numero de la mamada, me seguía indicando por gestos donde y como quería que la tocase y yo obedecía. Estaba mucho mejor. Le quité la mordaza y la besé, su aliento olía a orina, entonces empezó un nuevo juego, ella me desnudó pero sin usar las manos, sólo con los pies y la boca.

Finalmente le propuse ir a dormir. Entonces ella tuvo la última ocurrencia del día. La encadenamos de pie al lado de mi cama y dejamos dicho a los guardias que podían entrar y tomarla cuando quisieran, pero yo tomé precauciones para que sólo tres tuviesen la llave de la puerta, no sabía que luego iban ellos a alquilar la llave y permitir el paso a sus compañeros. Le quité la mordaza y hablamos un poco antes de dormir, sólo recuerdo partes de la conversación.

_Oye –decía yo- De verdad que no hace falta que pongas tanto entusiasmo en tu papel de sumisa
_Seguiremos el juego mañana y luego el domingo será la apoteosis
_ ¿Admitirás comer el domingo?
_Sí
_Ve pensando que quieres comer
_Ya lo pensare. Oye, amo, una pregunta
_ ¿Si?
_ ¿Verdad que ya me parezco a tu mejor sumisa?
_Sí, Midorí, eres la mejor sumisa que nunca tuve

Y luego me dormí

AMO-SAN


Continuará…

 

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