Relatos |
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Nos conocíamos desde siempre y siempre la había visto como la pesada hija de los amigos de mis padres. Aunque con la llegada de la adolescencia pasó a ser mi amiga y más tarde mi inspiración y mi deseo. Me gustaba hacerla sufrir, ver sus mejillas sonrojadas y sus pezones endurecidos bajo la camiseta. Sabia que al pasar mis escritos la ponía a cien. La razón de que lo hiciese, es que había perdido una apuesta y su pena era pasar mis escritos a limpio. He de confesar que tenía escritos de muchos tipos pero le obligaba a pasar esos, los lascivos y calientes relatos que surgían cuando la imaginaba en mi habitación. Haciendo lo que yo desease, probando lo que yo más deseaba. No se lo podía decir a la cara. Deseaba besar sus pechos, hacerla mía; entrar en su cuerpo y recorrerla entera - ¿ No tienes otro tipo de cuento?- Me preguntaba una y otra vez. Yo le respondía que solo tenía de estos. Estaba desesperada y hasta las narices de mis historias. No se lo que me llevó a pedirle un beso cuando me dijo que haría lo que fuese para librarse de rescribir mis relatos- me lo dio con algo de recelo, aunque pensé que se apartaría cuando metí mi mano por debajo de su camiseta. Tenía la piel suave y caliente. Me puse a cien con ese beso; sabía a melocotón. -¿Solo quieres un beso?- Preguntó algo miedosa. Le susurré al oído que quería tocarla, pero que no lo haría si ella no lo quería. Lo pensó dos veces antes de tumbarse en la cama. Solo la besé. Besé sus tibios labios de nuevo mientras recorría su piel bajo la camiseta. Sabia que lo estaba pasando mal por lo que estábamos haciendo. Cada vez que era conciente de que tenía a mi musa entre mis brazos me excitaba mas. Después de un buen rato con ella la dejé libre de su pena y de mis brazos. Desde lo del beso nuestra relación no fue la misma. Se mantenía algo distante y no me miraba a la cara. Nuestra amistad se mantenía unida por la de nuestros padres. Verla entrar en mi casa me hacia recordar sus tibios labios aceptándome, su piel tan suave y cálida bajo esa camiseta. Tenerla tan cerca como esa vez solo era un deseo que yo sabia que no volvería a tener. Pero no creía que ese deseo tan intimo y lascivo se iba a cumplir esa noche. Mi escriba tuvo que pasar la noche en mi casa. Sus padres se habían pasado de copas y además comenzó a llover fuertemente. Ante ese panorama era mas seguro jugar a la ruleta rusa. Ella pasaría la noche en mi habitación donde tantas noches soñé que estaría para mi. Le presté una camisa para que la utilizase como camisón y yo me fui de la habitación para que se cambiase tranquila. Pero me quedé en la puerta imaginando su cuerpo y como lo desnudaba con delicadeza. Deseaba que mi camiseta quedase inundada por su olor a orquídeas y que nunca se fuese. Di una vuelta por la casa, ya que no podía soportar que la chica a la que amaba estuviese tan cerca y no podía tocarla. Reconocí los ronquidos de mi padre y como los suyos estaban tan bebidos que se durmieron pronto. Cuando volvía a la habitación, ella estaba en la cama y parecía dormida. Me cambie e hice lo mismo que ella. La abracé esperando que no se diese cuenta, ni de mis brazos ni de mi verga demasiado dura para pasar desapercibida al tacto de sus nalgas; ella se dio la vuelta y me apreso bajo una de sus piernas que me rodeaba la cintura. Estaba a punto de correrme por lo que estaba pasando en ese momento. Acaricie la suave pierna de ella mientras no me daba cuenta de que su mano recorría mi vientre hasta mi verga. - Llega hasta el final - Sugirió mi escriba. Entre sus piernas descubrí con algo de asombro su humedad. También estaba excitada. Comencé a estimularla por encima de su ropa interior mientras ella me masturbaba de forma torpe pero muy placentera. Se quitó la camiseta para que pudiese probar su pecho de pezones duros. Mientras se los lamía le bajé su ropa interior para poder ver su coñito de pelo rasurado y empapado de sus fluidos. Se subió a mi vientre y con delicadeza comenzó a provocar mi verga con los labios de coño. Debajo de la almohada sacó un condón; sabia lo que quería hacer esa noche. me lo puso mientras me la colocaba a la entrada de su vagina. - ¿Estas segura?- pregunte antes de que se empalase con mi verga. Asintió con la cabeza antes de dejarse caer encima de mi. Ahogó un grito, al sentirme dentro. Para ella era su primera vez, al igual que a mi. Quiso levantarse y sacarla de dentro, pero la paré diciéndole que tenía que acostumbrarse a ella. Empecé a guiarla en nuestra danza. Primero suave, relajadamente, pero poco a poco fue aumentando su ritmo. Estaba a punto de correrme dentro de ella. Pero no quería hacerlo antes que ella lo hiciese. La hice que se pusiese de rodillas, aunque me apetecía romperle el culo, volví a entrar en su vagina pero estimulando su ano. Mientras besaba y lamía sus hombros y cuello, al mismo tiempo en que le deslizaba en el oído todo lo que le quería decirle, como la deseaba y lo que quería que hiciese. Estuvimos un buen rato dándonos placer y recibiéndolo, hasta que su cuerpo se estremeció por el placer. Mi escriba, mi musa estaba agotada por lo que había pasado. Había sido su primera vez y la inexperiencia le había pasado factura. Pero yo necesitaba más. Besaba sus pechos, su vientre y comencé a beber de sus labios esa extraña mezcla de su sangre y sus jugos. Sentía como su cuerpo reaccionaba a mis caricias y besos. Al correrse me inundó la boca de nuevo con sus jugos. Eran deliciosos. Después de eso nos volvimos a vestir para que al menos el origen de la sonrisita tonta, no fuese tan obvio. Dormimos abrazados en nuestra primera noche. Pero no fue la única. ajcora@hotmail.com |
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Stop a la Pedofilia
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