Relatos |
|
|
|
Aquella noche casi no dormí por culpa del ruido. Aunque a mi esclava le iba mucho peor, estaba de pie, encadenada a la pared, a mi lado y cada dos por tres entraba alguien a follársela. Había momentos en que aquello parecía un orfeón. Finalmente, a las cinco de la mañana, decidí que ya era suficiente y que allí se acababan los polvos de mi sumisa. Me levanté de la cama -hola, amo- me sonrió ella-encantada de verte, ¿me subes las bragas?, uno de mis amantes las ha dejado por el suelo. Le puse las bragas, la desencadené y la puse a mi lado en la cama. Ella estaba tan débil que se caía ¿Qué podía hacer yo? Había llovido mucho desde el primer día, cuando me dijo que nunca la doblegaría. Después de perder el miedo de que la matara de hambre había caído en un paroxismo masoquista y ahora se imponía peores pruebas que las que yo había imaginado para ella. -Si sigues el ayuno te pasará algo, come hoy -Comeré mañana, como estaba previsto, oye, tengo ganas de mear -¿Caca o pipi? -Las dos cosas La hubiese hecho levantarse pero estaba tan débil que calculé que no podría llegar a la puerta o sea que quise que pareciera un castigo el hecho de dejarla en la cama. Cago allí mismo. Hice traer esponja y la limpié, ella protesto pero entonces le ate las manos y transigió. Antes de hacerla levantarse quise que se alimentase, ella no quería tomar nada que no fuera agua u orina, o sea que le dimos orina. -Cada vez tiene mejor gusto, amo- comentó ella- Le di tanta orina como pude reunir, luego intentamos que se levantara pero aun estaba muy débil. -Lo siento, estoy jodida, amo -Podrías comer algo. He pensado algo que quizá te guste ¿Aceptarías tomar leche directamente de una teta? -Me encantará hacerlo, amo, pero no hoy, es ya el último día de ayuno, si quieres lo haré mañana - ¿Qué aceptarías comer? -He estado pensando en ello y he llegado a la conclusión de que hay algo que si aceptaría, mi propia mierda. -De eso nada, soy tu amo y te lo prohíbo. -Como digas amo- y después de un momento- creo que es hora de levantarse, tendrán que limpiar la cama. Me negué, le encadené los pies a la cama para que no saliera del cuarto y me fui a buscar al ama de llaves. No había previsto que estuviese dormida. La desperté y fuimos al cuarto donde nos esperaba Midori. Cuando llegamos había un guardia follándosela, le mandé fuera y ordené un buen castigo para él, lo cual era un poco raro porque yo mismo les había dado permiso para manejarla como quisieran. Hice que entre tres hombres la trasladaran al gran salón y le dije que ahora el ama de llaves era su esclava, todo para que no se esforzase. La cosa no funcionó. Hizo que Marga, ahora convertida en su esclava, le hiciera una paja. Antes de que llegase el final yo ya lo había parado, necesitaba que descansase. Me puse a desayunar y la dejé al pie de la mesa. Dejaba caer comida por si ella la cogía pero no lo hizo. Entonces hice que se tragase el esperma de tres de mis guardias y la volví a cargar de tanta orina como pude y luego le di tanta agua como pude, ella se quejaba de que hoy no la hacia trabajar ni la tocaba, la azoté por quejarse pero también para que no pensase que yo iba a aflojar porque si pasaba eso ella empezaría a subir el listón de su masoquismo. Le hice explicarme su noche pasada, atada en la pared, y luego toda su vida erótica, le propuse tomar una pastilla anti-baby (en realidad era un complejo vitamínico) y ella se negó diciendo que tenía las trompas ligadas. Orinó varías veces y nunca me avisó de ello (lo interpreté como un intento suyo de hacer que yo la castigara), cada vez que eso pasaba yo le limpiaba el chocho con papel y toalla. Le hice limpiarme los pies con la lengua, por si eso daba vitaminas, y le hice sorber el sudor de mis sobacos. Estaba desesperado por conseguir orina, hice que todos los de la casa me trajeran lo que orinasen y todo se lo fui dando a Midori. Le di biberones de pipí, vasos de pipí y hasta pipi servido en un plato de perro. Ella quería que después de cada ración le diesen un azote pero se conformó con un beso cada vez. Cuando me pareció que ya estaba un poco fuerte la sodomicé y la hice pasear, poco, como un perrito: Luego le puse un vibrador en el culo y otro en el coño y esperamos a ver si se corría. Ya era la hora de mi almuerzo y, lo mismo que antes, yo empecé a dejar caer comida pero Midori no la cogió. Finalmente la hice sentarse en un asiento con unos bultos muy incómodos de soportar y la até allí. Era lo adecuado porque calmaba su ansia de castigo y no la debilitaba demasiado. A la hora de mi cena no la desaté, se quejó pero dije que era un castigo. Al final cagó y yo le limpie el orto pero le dejé las bragas sucias puestas, por cierto que aquellas bragas daban ya un cante de mucho cuidado. Luego le ate las manos a la espalda, y me la llevé a la cama, la estuve abrazando hasta que se durmió -Te quiero, amo- fue lo último que dijo aquel día- |
!!
Stop a la Pedofilia
!! |