Relatos |
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Esta es la primera vez que escribo un relato erótico. Espero que sea de su agrado. No duden de enviarme sus comentarios. Mi nombre es Alberto tengo sesenta y cinco años, vivo en Buenos Aires y si bien podrían decir que ya soy un viejo (seamos sinceros) sigo teniendo el mismo libido que un adolescente de dieciocho años aunque físicamente no rinda como en mis mejores épocas. Estoy casado ya van… déjenme ver… treinta y dos años, es mucho y mas si les digo que deje de tener sexo ya hace unos diez, doce años. Bueno, bueno dejemos la presentación de lado y empecemos con la historia. Todo empezó hace uno tres años cuando se divorcio mi hija Clara. Nunca me cayo bien su esposo y en ese momento me alegre un poco, pero esta alegría no duraría mucho ya que se mudaría a nuestra casa junto con mi nieta, Julia. Esa noche mientras me cepillaba los dientes caí en la cuenta que hacia 4 años que no veía mi nieta ya que cuando mi hija viajaba del interior para visitarnos solo traía al mamerto del esposo y excusaban a Julia con los típicos pretextos de la “edad difícil” y estaba hecha una ermitaña. Ella en ese momento tendría unos diecisiete años recién cumplidos y estaba en la peor época de la adolescencia. Rebelde y no le hacia caso a nadie, mejor dicho se llevaba el mundo por delante (como la mayoría de nosotros hemos hecho a esa edad). Gladis mi mujer me comento que llegarían el próximo viernes a eso de las diez de la noche, justo cuando pasan el partido de los viernes, estábamos a miércoles y eso ya me puso de un humor extraño, mezcla de ansiedad y pocas ganas de que vengan. Llego el día tan esperado. Todo el día escuche los comentarios de mi mujer diciéndome “Si vas a salir ponte algo, mira que hace mucho frió”. A eso de las diez menos cuarto sonó el timbre, me levante del sillón y fui a abrir la puerta - ¡Hola Papa! ¿Cómo estas? - Bien hija. ¿Y julia? - Esta bajando unas cosas del auto… - Espera que voy y la ayudo. Salí a la calle y estaba realmente fresco, divise no muy lejos un auto oscuro del tamaño de un reno doce y junto a este vi a una joven reclinada dentro del baúl. Traía unos shorts de jean recortados por ella misma supongo unas medias hasta las rodillas con franjas negras y blancas y una campera mal puesta sobre sus hombros. - Te ayudo – Le dije mientras no sacaba la vista de su cola. - ¡Ah! Me asustaste… - Se me quedo mirando y agrego – ¡Que viejo que estas! - Pero… - Sus risitas no me dejaron terminar la frase. Ya habíamos arrancado mal. Me agache tome una de las valijas y con una gesto le indique que caminara hacia la casa mientras yo cerraba el auto. Una vez dentro, y con las inquilinas instaladas nos dispusimos a comer, mi mujer hizo carne al horno con papas y yo abrí un vino de mi bodega, a modo de festejo aunque en mi interior no sentía ganas de festejar nada. Julia estaba sentada frente a mí. Tenia puesta un remera del liceo y se había puesto unos pantalones deportivos que dejaban ver su cola firme y también que llevaba puesta una tanga de color celeste. Mientras comíamos y mi esposa hablaba con Clara y yo no le sacaba los ojos de encima a mi nieta que muy indiferente revolvía las papas y las cebollas con mucho desgano. De pronto se puso de pie y se disponía a ir a su cuarto cuando le dije. - Un momento jovencita. Antes de levantarse de la mesa, pida permiso y junte su plato y su vaso. - No jodas – Contesto sin mirarme y subió a su cuarto a paso lento y decidido. Mi hija rápidamente la excuso y me pido disculpas por el comportamiento de su hija. Estaba furioso. No dejaba de pensar en la forma de vengarme y demostrarle a esa insolente que en este mundo no todo es como uno quiere. Vi los últimos minutos del partido, Independiente el club de mis amores perdió como es usual y me fui a acostar. Cuando puse la cabeza sobre la almohada la imagine de la cola de mi nieta se me vino a la cabeza y una sensación desde mi estomago se dirigió hacia mi miembro dándole una rigidez que mas de uno quisiera tener. A todo esto eran las dos AM y mi esposa roncaba a mi derecha, y la verdad que no me resultaba nada atractivo el hilo de saliva que colgaba de su labio inferior. Me senté en la cama, me baje un poco la pijama y tome mi miembro con la mano derecha y lo sacudí un poco. Note que ya la cabeza estaba lubricada y en ese instante recordé el nefasto incidente en la cena. Me pare, tome mi bata y me dirigí al cuarto de huéspedes con la furia de un huracán, donde dormía solitariamente mi nieta ya que su madre descansaba en el cuarto de su niñez. Entre sigilosamente y vi bajo las frazadas la silueta de Julia. Estaba tapada hasta el cuello y dormía boca abajo. Con delicadeza tome la frazada junto a la sabana y la destape. Tenia puesta la tanga que ya había visto en la cena y una musculosa un poco gastada a forma de pijama. Tome el cinturón de la bata, estaba hecho de la misma tela de las tollas y con la delicadeza de un colibrí ate sus manos a la cabecera de la cama. Me saque un media y mela puse en el bolsillo para utilizarla a futuro como mordaza. Me baje los pantalones, me subí a la cama con cautela y me puse de forma tal que sus piernas pasaran por entre las mías y mi pene aun duro quedaran a la altura de su cintura. Con la mano izquierda tome la media y con la otra sujete su pelo. Acerque mi boca a su oreja y tirando un poco de su pelo logre que abriera la boca en gesto de dolor e introducí la media en su boca. Esto causo un gran susto en ella y mas aun cuando noto que estaba atada y yo subido sobre ella desnudo de cintura para abajo. Dulcemente le susurre en el oído. - Ahora vas a ver mocosa impertinente. Sus ojos se abrieron aun mas y su expresión me hizo saber cuan aterrada estaba. Mal por ella esto me éxito aun mas. Unas lágrimas recorrieron sus mejillas y de entre la media un suave mugido sollozaba implorando que esa situación terminase. Mi mano izquierda se poso sobre su nuca presionando cara y sus hombros contra el colchón, mientras que la mano derecha se encargaba de quitarle la tanga. Estaba muy agitado por la situación y un poco cansado ya que me costaba mantener sus piernas quietas. Una ves eliminada la tanga apoye mi pene incluyendo mis testículos en su cola, esto produjo otro fuerte zamarreo por parte de Julia así que hice mas presión sobre su nuca y con mis rodillas junte sus piernas fuertemente. Comencé a mover y a frotar mi miembro por su cola y use sus 2 nalgas para masturbarme, acelere el rito y justo antes de acabar me detuve. - No creas que esto termina acá - Le dije al oído, me miro y sus ojos me imploraron que me detuviera, pero eso no iba a suceder. Me incorpore un poco y deje caer de mi boca un chorro de saliva apuntando a su ano. Tome mi pene y con la punta esparcí un poco mi saliva por entre sus nalgas y sobre su ano y metí mi dedo índice en el. Otro sacudon que casi me tira de la cama y que por suerte pude controlar a tiempo. Jugué un poco con su ano, introduciendo de a dos dedos a la ves. Una ves terminado esto y con mi pene a punto de estallar, acerque el mismo y coloque la cabeza sobre el ano. Me incorpore un poco y presionando mi pene hacia abajo lo introduje con fuerza en su ano. Julia se arqueo de dolor y por unos segundos se quedo tiesa mientras yo hacia lo mío. Comencé con tranquilidad y acelere el ritmo llegando al final. Con el último empujón, y seguido de un pequeño gemido mío acabe dentro de su ano, espere unos segundos saque mi pene, me incline sobre ella y al oído le dije. -De esto ni una palabra a nadie, entendido. – Entre lágrimas agito un poco su cabeza afirmando mi orden. La desate, le quite la media de entre sus labios y me puse de pie. Me coloque los pantalones del pijama y antes de salir del cuarto vi a Julia, mi nieta acurrucada de espaldas a mi. Note que mi esperma chorreaba por su nalga y me fui a dormir un con sentimiento de tranquilidad ya que le había dado una lección. |
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Stop a la Pedofilia
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