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Amanecía el último día de nuestro experimento y me sentía feliz de que acabará, mi esclava había aguantado seis días de ayuno y hoy por fin la alimentaríamos cumplidamente. Lejos estaba ya el momento en que me prometió que nunca la doblegaría. Ahora dormía apoyada en mi torso, con las manos encadenadas a la espalda y vistiendo unas bragas sucias y meadas. El que no se despertara me resultaba levemente inquietante porque, me decía, podía ser prueba de su debilidad: Sin despertarla pulsé un timbre y cuando se presentó un mayordomo ordené que preparasen un biberón de leche para ella. Cuando vino el biberón la desperté y se lo fui dando, no parecía saber muy bien donde estaba, o sea que le di otro biberón.

-Amo ¿Tú le has puesto orina a este biberón?
-Calla y bebe, hoy no hay orina que valga, hoy puedes comer
-¡Oh, sí, amo! ¡Que felicidad! Pero por favor prométeme una cosa
-Lo que quieras
-Que no me desatarás las manos para nada

Se lo prometí y le di un tercer biberón. Ahora ya tenía ella fuerzas para empezar el día, así que la hice levantarse de la cama. La hice orinar en la pared, sin quitarse las bragas y luego se las quité para ir a la ducha, nos duchamos juntos, como ella iba atada yo le tuve que enjabonar, limpiar y secar, luego hice que mi ama de llaves, Marga, me enjabonase y me limpiase a mi. Salimos los tres de la ducha y le volvimos a poner a mi sumisa las bragas sucias. Fui a desayunar y ella se puso a mis pies, quedamos de acuerdo en que lo que yo dejase caer era para que ella lo comiese, le dejaba caer patatas fritas y pedacitos de carne y ella comía, además de eso aprovechaba para lamerme los pies y me pedía insistentemente que le tocara las tetas o el culo.

Acabado mi desayuno empezó el suyo, ella se sentó y le pusimos delante un plato lleno a rebosar de carne picada, empezó a comer sin usar las manos, sumergiendo la cara en el montón de comida. Nos dio muchas veces las gracias. A suplicas suyas ordené que Marga le hiciese un francés, si es que tal cosa puede decirse cuando el receptor es una mujer. Marga quedó con toda la cara manchada

Luego la hicimos andar. Cuando se equivocaba o se desviaba de la línea recta la latigábamos

-Amo, ¿ahora que harás conmigo?- dijo mientras caminaba-
-Nada, te dejaré aquí para que disciplines a mis nuevas putas.
-Yo quería ir contigo, amo- dijo ella, desilusionada
-De momento mejor que no
-Pero yo he luchado por eso, amo

Comprendí que tenía que desilusionarla de alguna manera y empecé a portarme duro con ella.

-Cuarenta latigazos, empieza a contar
-Si amo- recibió el primer latigazo de uno de mis ayudantes- uno…

A los diez latigazos había caído al suelo. A los quince hice parar el castigo

-Muy bien, tienes que seguir comiendo

Me desnude y me estiré en el suelo, me embadurne la polla de nata y le dije

–Empieza a alimentarte

La prueba me sirvió para comprobar lo bien que había aprendido a mamar pollas.

Luego me gire de espaldas y me embadurne de nata el culo, me estuvo lamiendo como si quisiera sacarle brillo al orto. Entonces la hice arrodillar, le bajé las bragas y la penetre con el brazo. Solo decía “Más fuerte, amo” y cosas por el estilo. Volvimos a los biberones de orina, se bebió tres, entonces empecé a usar su boca como cenicero. Cada vez que lo hacia me daba las gracias. A la hora de la comida del mediodía le puse la mordaza de bola, ella seguía arrodillada a mis pies.

Le puse una lavativa, e hice que mis hombres le pusieran pantalones, unos pantalones cortos dos tallas más pequeños que la suya, como ella tenía las manos atadas y no podía defenderse, mis hombre la sobaron de arriba abajo, yo sabía que pronto empezaría a cagar y a debilitarse, por tanto la hice sentarse, le puse delante una bandeja llena de comida de perro y le dije que si me lo sabía pedir la alimentaría, yo pensaba que eso la ofendería pero no fue así.

-Por favor amo, dame de comer esa magnífica comida
-No lo haces suficientemente bien
-Amo, magnifico amo, aliméntame y nunca tendrás queja de esta tu esclava.
- ¿Te quedarás aquí?
-Siempre iré contigo amo, esa es mi voluntad
-Pero mi voluntad es otra
-A veces una sumisa también puede mandar, amo, ha propósito estoy a punto de mearme
-Ensúciate los pantalones, mira lo que me importa
- ¿Limpiarás mi culo y mis piernas?
-Pídeme de comer

Finalmente le di de comer porque pensé que no podría aguantar la debilidad

No limpiamos su culo pero si sus piernas, le volvía a dar orina para beber y comida de perro para comer y ella parecía satisfecha, me pedía que la tocase y yo alegaba su suciedad y su mierda

-Si, amo, estoy sucia, pero has sido tú quien me ha ensuciado

Al final le tocaba las tetas y ella sonreía. Estuvo toda la tarde cagando y comiendo, la latigamos hasta hacerle sangre y pensé en aplicarle cera pero no me atreví, además, a mi la cera no me gusta. Finalmente cené con ella a mis pies, con mierda hasta arriba y sonriéndome y lamiendo el suelo bajo la mesa, yo le pegaba patadas para que me odiase y ella se apartaba y sonreía. Después de cenar ya no pude aguantarlo más y la llevé a la ducha, la desnudé e incluso la desaté, luego la duché (ella no quería usar las manos para nada) y la limpie, la sequé y la puse encadenada a la pared, eso significaba que durante toda la noche estarían mis hombres violentándola por detrás y por delante

-Sumisa –le dije-¿estás contenta con tu amo?
- ¿Qué importa eso si mi amo quiere separarse de mí?
-Responde a lo que te preguntan
-Ahora es mi amo y estoy contenta
- ¿Si fuese otro amo estarías más feliz con él?
-Estoy contenta con este amo, pero si mi amo no me quiere ¿que puedo hacer?
-pero, demonios, ¿por qué estás contenta conmigo?
-porque no eres un amo cruel
-Soy muy cruel
-Pero sabes no serlo demasiado
-Sin embargo hoy te he estado humillando constantemente
-Eso es porque quieres que te odie para poder odiarme y así separarte de mí sin remordimientos.

Tuve que reconocer en mi interior que me había vencido, decidí que la llevaría conmigo a la ciudad. Pero sólo si aguantaba la noche. Y vaya si la aguantó. Aquella noche ninguno de los dos durmió, ella porque era constantemente molestada por una pleyade de amantes nocturnos ¡Hasta tres a la vez tuvo que aguantar! Yo porque era muy consciente de que la estaba puteando a base de bien. Por la mañana le dije:

-Esclava, ¿aun quieres que sigamos juntos?
-Si, mi amo- dijo con una voz que no le llegaba al cuerpo-
-Entonces, así lo haremos.
-Gracias amo, pero me temo que si no como me desmayaré

Y en realidad se desmayó, le di comida por un tubo, biberones de leche todos los que admitió y carne de ternera “a la boloñesa” toda la que pudo tragar, la dejé orinar en el lavabo y nos duchamos juntos, ella no usaba para nada las manos y me dejaba limpiarla. Luego la vestí con ropa informal y de su talla y me la llevé a la ciudad, a vivir conmigo. Desde entonces Midori es mi sumisa. El lugar donde la eduqué ha vuelto a su antigua función de escuela de prostitutas, yo me dedico a mis negocios y de momento no he vuelto a educar a ninguna mujer, eso lo delego en mis subordinados. Debería ahora explicar como bauticé a Midori, ya que antes no se llamaba así, pero, como dicen en los cuentos, eso ya es otra historia

Amo-San.

 

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