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Era jueves, me desperté por la mañana y como siempre ella ya tenía los ojos abiertos. Comenzaba para ella el cuarto día de hambre, si dormía tan poco posiblemente era por hambre. Estaba amordazada y quieta, en su lado de la cama como le había sido ordenado. La cogí y la llevé al mío. Quiso volver a su posición inicial y la volví a poner encima de mí, le bajé las bragas y la penetré. Tenía una mirada triste.

No me gustaba admitirlo pero empezaba a preocuparme por ella. No hacia nada había sido una enemiga mía, era mafiosa, como yo, dura, implacable, lo mas sencillo hubiese sido matarla pero yo quise dominarla y ahora la estaba educando como sumisa en una mansión en mitad de la selva y parecía que iba a ser una buena adquisición. Pero yo quería algo más, quería que me aceptara como amo y me temía que ella estaba tan sólo siguiendo el papel, como si estuviese actuando en una obra de teatro, para desenmascararse más tarde.

-mmm-dijo ella, amordazada
-¿pipi?
-mmm-asintió
-Bien, orínate en la cama, pero en tu lado, espera que te suba las bragas para que las mojes

Orinó. Como no me apetecía dejar la cama, nos fuimos a otro dormitorio. El palacio se usaba normalmente para educar putas y estaba capacitado para admitir a treinta estudiantes. Aparte había guardias, sirvientes, profesores, cocineros… un montón de gente. Pasado el tiempo le quité la mordaza y le desate una mano, la otra se la até a la espalda, le puse los pantaloncitos cortos que llevaba el día anterior y nos fuimos al cuarto de baño

-Entra en la ducha y con la mano limpia me enjabonas, yo te enjabonare y te limpiare a ti, tu no puedes tocarte a ti misma o serás duramente castigada
-¿Podrías desvestirme, amo?
-No, el pantalón y la braga han de mojarse
- ¿Cuando podré comer, amo?
-Aun no, procura hacerlo bien

Cuando estábamos en la ducha dejé que entrasen seis de mis guardaespaldas y mirasen, iban desnudos y al final, cuando acabé de ducharme, estaban todos empalmados, ella me enjabonó, me limpió y me secó, vi que bebía mucha agua, debía ser el hambre. Cuando ya habíamos salido de la ducha pero aún estábamos en el cuarto de baño le puse unas esposas en las muñecas y otras en los tobillos

-No te vayas -dije- has visto, supongo, lo empalmados que están mis guardaespaldas, no los dejarás sufriendo.
- ¿Qué quieres que haga, amo?
-Escoge a uno y que te encule
-Este de aquí, amo.

Fuimos a la sala principal, todos desnudos, y allí el guardaespaldas le bajó el pantalón y la enculó mientras yo la aguantaba por delante. Sacudida tras sacudida ella gritaba

-¡Mas fuerte, amo, que suerte tengo, como me haces gozar!

Finalmente me mordió en el hombro para no gritar de placer, le toqué en el chocho y lo tenía húmedo a medias. Toqueteé

-Penétrame, amo

Lo interpreté como un intento de no correrse por mis manos, las putas intentan refrenar incluso su placer para así dar a su relación con el cliente una cierta capa de indiferencia y formalidad

-Cállate y déjame hacer

Callaba

-¿Qué se dice?
-A sus órdenes, mi amo

Acaricié su coño hasta que salió una cantidad de flujo muy considerable y entonces dije:

-Vamos a desayunar

Me hice traer nata y la hice tumbarse en el suelo, le unté el coño de nata y estuve comiendo y chupando de allí hasta que ya no tuve hambre. Estoy bastante seguro de que ella se corrió una vez al menos.

Finalmente le subí slips y pantalón. Aquel día le propuse darle pis de mis guardaespaldas en el biberón de cada mañana.

-Eso es demasiado, amo
-No lo es si lo digo yo
-Es demasiado
-Vale, lo que digas, pero no beberás nada hoy

No le di de beber pero hice que mis mayordomos se le orinaran encima. Insistí en que lo hicieran encima de la ropa, que guarda más el olor, pero prohibí que se acercaran a su cara y castigué a quien hizo amago de desobedecerme.

Aquel día la hice trabajar pintando con un pincel entre los dientes, luego le hice caminar y practicamos diversas maneras de atarla, e intentamos que cogiese cosas con los pies y entre las piernas, le puse sujetadores y se los quité. La hice correr de un guardia a otro y, cada treinta minutos, le daba “la hora”, un latigazo en el culo.

-Esto es para que me rinda y beba orines, ¿verdad?- dijo en un cierto momento
-No pierdas las formas
-¿Lo es, amo?
-Es para ponértelo difícil, pero difícil lo tendrías igualmente, no cambiaré mis planes por ti, pero si no quieres mi versión de la lluvia dorada, no la quieres. No te obligaré
-No la quiero, amo

Siguió trabajando bajo las órdenes de mi ama de llaves hasta que fue la hora de la comida. La hice llamar y amordazar, no le dije nada pero normalmente ella se ponía a mi lado, entre arrodillada y sentada, esta vez se quedo de pie, a mi lado.

Me empezaba a crear problemas el hecho de que no se alimentase, si no tomaba nada acabaría en un hospital. Después de la comida puse el video, cintas eróticas, y usé su espalda como mesa donde apoyar mis piernas, no le quité la mordaza, cuando me cansé de ver videos la encadené a la pared y me quedé a su lado, esperando, se orinó a media tarde y la reñí por no haber avisado pero no la hice azotar. Hasta las siete de la tarde no se rindió

-mmm
-¿caca?
-mmm- negó
-¿Pipi?
-mmm-negó
-¿Necesitas hablar?
-mmm-asintió

Le quité la mordaza
-Amo, por favor, ¿tú me quieres matar?
-No
-Sería muy fácil, sólo tienes que retirarme la comida hasta que muera

Me emocioné, tenía que deshacer el malentendido

-Mi idea era darte de comer el séptimo día
- ¿Y cuantos llevamos?
-Te queda acabar este y dos más, al siguiente comerás
-¿Y no añadirás más días de ayuno, luego?
-Te lo prometo, no los añadiré
-¿Incluso si no llego a ser una sumisa como a ti te gustaría?
-Siete días son suficientes, si no eres como quiero, te daré de comer y te aceptaré como seas
-¿Y si no lo resisto?
-Hay gente que aguanta sesenta días en huelga de hambre
-Esta bien, amo, resistiré los siete días
-Gracias
-Gracias a ti, amo- y después de un silencio meditativo-Amo, ¿Podría tomar ahora un poco de orina?
-¡Pero si no querías!
-Si he de resistir tres días más, más vale que me alimente, y dicen que la orina es mejor que el agua con azúcar.

Así que le di un biberón lleno de orina. Entre sorbo y sorbo me pidió que le tocase el chichi y que la penetrase. Tocarla, la toque a fondo y como no tenía ganas de follarla en aquel momento hice que la penetrase uno de mis sirvientes que creo que la hizo gozar

-¿No cenas, amo?
- ¿Por qué lo preguntas?
-No es que quiera cenar, pero me gustaría estar a tu lado mientras comes

Y así fue como la tuve toda la comida arrodillada y con el culo en pompa. Luego la dejamos ya con la mordaza puesta, las manos y pies atados y los pantalones sucios de orín puestos. La puse en su lado de la cama y me tendí yo en el mío. Habíamos pasado la primera crisis sería- la del primer día no contaba-desde que éramos amo y esclava. Pensándolo la cogí y me la traje a mi lado. Hubiese querido besarla en la boca, lo hice en la mejilla, de su mordaza cayó un hilo de baba.

Amo-san

 

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