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Era una noche muy calurosa y húmeda, me encontraba sentado en la barra, con mi trago en la mano, observando a las personas del lugar. No era un lugar muy grande ni muy lindo, pero con los años, me había encariñado de el, nadie me molestaba. El dueño del lugar cada ves que me veía me abrazaba efusivamente como si fuéramos grandes amigos, pero creo que lo hacia por miedo a que le hiciera algo, la mala fama que me había ganado con los años no me dejaba en paz nunca.

Entrada la noche y sin recordar por que numero de trago iba, me llamo la atención un hombre muy gordo que agitaba su brazo y alzaba la voz invitando bebidas a quien quiera que lo saludara. Ocupaba una de las mesas principales del local y se encontraba rodeado de personas. Ese peculiar individuo era de tez morena y por su forma de vestir, disfrutaba de la ostentación. Tenía anillos y cadenas de oro y se ocultaba tras unas gafas oscuras. Dos jovencitas se peleaban por sentarse junto a el. Estaban vestidas con escasas ropas y entre los forcejeos, brindaban al público masculino un gran show. Entre tirones de pelo, el sujeto gordo reía y hasta en ocasiones aplaudía la pelea de las niñas, las cortas faldas de la chicas no dejaba espacio a la imaginación mostrando a un publico agradecido sus nalgas desnudas.

El dueño del lugar me echo una mirada de agotamiento y se introdujo en la cocina del lugar. Tome un gran trago y mientras terminaba este le pedía al cantinero que me hiciera otro.

Un grito desvió mi atención de nuevo hacia el rincón en donde se encontraban las niñas peleando. Una de ellas se encontraba de pie, con el cabello un poco revuelto sosteniendo entre sus dedos un pedazo del vestido de la otra que yacía arrodillada en el piso tapándose los pechos. Los hombres festejaban el hecho y entre lágrimas la perdedora abandono el local rápidamente. El gordo agito nuevamente el brazo y tomando a la ganadora por la cintura la sentó junto a el, la muchacha reía un poco nerviosa con restos de adrenalina y alcohol recorriendo su cuerpecito. Sin previo aviso el gordo coloco su mano por debajo de su falda y esquivando su tanguita, penetro la vagina de la niña con sus enormes dedos. En el rostro de ella la sorpresa y el dolor no se distinguían pero supo sonreír a la mirada de su acompañante que con la otra mano sujetaba su entrepierna.

Una joven puta se me acerco y entre halagos y roces me pidió que le invitara un trago, tenia un rostro muy bello, y con suaves gestos me relataba lo que podía hacer con su boca.

La pobre putita se llevo una sorpresa al creer que me encontraba borracho, mejor dicho al creer que estaba lo suficientemente borracho como para que se hiciera con mi billetera. Su mano se deslizo hábilmente entre mi saco, pero sus dedos fueron a dar un mi 9mm, no pudo disimular la sorpresa y menos esquivar mi mirada acusadora, pero comprensiva. No dejaba de pedirme que no le hiciera nada, es mas quiso sacara mi miembro en introducirlo en su boca pero de un empujón la saque de entre mis piernas. Sin mirarla le hice un gesto con la mano para que se fuera, retrocedió unos pasos y oí como sus tacos se perdían sobre los adoquines de la calle.

El Lugar estaba que explotaba y todavía tenía que hacer el trabajo. Era increíble como los años de bebida me habían curtido, creo que si cualquiera de las personas que se encontraban en el lugar hubiesen bebido la misma cantidad que yo, estarían de camino al hospital por coma alcohólico. Espere una hora aproximadamente hasta que el gordo hizo un gesto de que iba al baño, y sin soltar a su acompañante la arrastro con el. Supe que era mi oportunidad, el único problema era la chica. La mano del gordo se perdía entre las firmes nalgas de la muchacha que casi caminaba en puntas de pie de la fuerza con que la introducía sus dedos en ella. Tras unos cuantos segundos entre en los baños del lugar, los pequeños gemidos de la niña interrumpían la fuerte respiraron de este despreciable sujeto. Los piecitos de la niña se asomaban por debajo de la puerta del cubícalo del inodoro, su pequeña tanga enredada entre sus finos tobillos formaban una única pieza exquisita. El sonido del cierre del pantalón dio comienzo al placer del gordo, los zapatos de taco aguja se asomaban y sus rodillas contra el sucio suelo del baño se acomodaban en busca de comodidad. La boca de la joven se llenaba de la inmunda carne de este sujeto que la tomaba fuertemente por su cabello y presionaba su pene contra el fondo de su garganta. Unos finos hilos de saliva salían de la comisura de sus labios, llegando hasta su mentón. Las manos de ella presionaban el abdomen del gordo intentando tomar un poco mas de aire pero su fuerza era insignificante comparada a la de el. Una gruesa lágrima negra que arrastraba su rimel recorrió el rostro de la muchacha. Sus pequeños senos se sacudían según el ritmo que proponía la cadera del gordo.

Abrí la canilla del lavatorio y me humedecí la nuca, hacia mucho calor. Con delicadeza tome mi 9mm y ajuste firmemente el silenciador en el.

Con la boca llena de saliva mezclada con los jugos del gordo se puso de pie y se apoyo contra el inodoro, el gordo la tomo del cuello y le ordeno que lo tragara, cerro su boca y con fuerza trago. La espesa maza recorrió su garganta y se encontró con su reflejo en el agua del inodoro. Con sus nalgas apuntando al gordo y reclinada hacia delante espero la envestida de él.

Quite el seguro de mi arma y con delicadeza introduje una bala en la recamara. Me acerque hacia la puerta y calculando la altura del gordo apoye el arma a la altura de su cabeza.

El pene erecto bañado en saliva brillaba y le daba un aspecto viscoso. Sin utilizar sus manos, tomo por la cadera a la niña y apoyó la cabeza del glande entre su vagina y su ano. Con fuerza logro entrar en ella, un fuerte gemido que se perdió en el eco de aquel baño sello el hecho. Los testículos del gordo golpeaban contra el clítoris de ella y el chasquido de sus nalgas contra los muslos de el disipaban el silencio del baño.

Como me habían enseñado en mis principios jale el gatillo rápidamente, no di lugar a que el percutor errara a esta bala. Un sonido igual a cuando uno despedaza a una lechuga con las manos devolvió el silencio al baño, seguido de un fuerte golpe. Mientras me alejaba del bar pude oír los gritos, imaginando que mejor muerte que esa no podría existir, con el pene dentro de una calida mujer.

 

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