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Segunda parte (El Retorno)


Después de haber leído la carta de María y Antonia y conmovido por la tremenda generosidad de ambas, me hice el propósito de agradecérselo personalmente por lo cual después de abrazar al Apóstol Santiago, agradecer a este todas las buenas venturanzas que me proporcionó haciendo su camino y luego de conocer la ciudad, me dirigí a la estación de ferrocarril y tome un tren hacia la ciudad de Lugo, tenía interés en conocer esta ciudad, sobretodo su famosa muralla romana. Es impresionante, valió la pena conocerla, me pasé todo el día deambulando por la ciudad y al siguiente día, 8 de Agosto a las 9 de la mañana tomé un taxi para Triacastela solo hay 54 Km. De distancia por lo cual a las 10 de la mañana me encontraba ya en el pueblo, me dirigí al pazo de las Hermanas y desde la reja vi a María en el jardín que rodea la casa regando los parterres. Tenía puesto un vestido blanco abotonado al frente con una gran abertura en la parte inferior por la cual se le podían ver sus macizos muslos. Al ver aquellos muslos, aquel culo tremendo, sus poderosas tetas, bueno, que se puede decir, mi polla se puso a mil. Entré sigilosamente en la finca y fui situándome detrás de ella, ella, estaba tan concentrada en su trabajo que no se percató en absoluto de mi presencia y en cuanto me fue posible alargué mis brazos y cogí sus dos tetas con mis manos, ella dio un respingo y se giró como si le hubiese picado una víbora, me mandó una ostia que si me coge me mata, menos mal que estaba precavido y me agaché a tiempo partiéndome de risa, ella me reconoció.

- ¡Mi neniño! Que alegría tan grande de verte. Tunante, solo tu podías hacer lo que has hecho, otro no se hubiera atrevido.

Todo esto lo decía estrujándome con sus poderosos brazos e incrustado entre sus tremendas tetas al mismo tiempo besándome por todos lados.

- Mi queridísima María estas preciosa, se me cae la baba solo de verte... ¿Y Antonia? ¿Por donde anda?
- Antonia se fue a Lugo y no regresará hasta la noche. Venga... Entremos en casa.

María me cogió del brazo y nos dirigimos al interior de la casa entrando directamente en la cocina, dejé mis trastos en el suelo e inmediatamente me abalance sobre sus hermosas tetas, María me besaba y con una mano inició un suave masaje de mis genitales sobre el pantalón, mientras tanto yo solté los botones frontales de su vestido habriéndolo y dejándolo caer a sus espaldas delante de mi quedó una señora con un par de tetas impresionantes (No tenia puesto sujetador) y con unas braguitas muy blancas las cuales dejaban ver en todo su esplendor aquel inmenso matojo de pelos. Cogí con mi boca sus pezones mamando de ellos como un desesperado, los tenía duros como piedras, sus tetas se habían endurecido con la excitación manteniéndose erguidas como dos obuses, ella suspiraba y gemía. La recosté sobre la mesa de la cocina y muy lentamente fui bajando de sus tetas hacia su gran chumino, le quité las bragas, aparté a ambos lados su gran pelambrera quedando al descubierto su preciosa raja, esta ya estaba semi abierta, con los labios hinchados y el clítoris asomando por su parte superior, sus flujos vaginales ya asomaban por la abertura dándole un brillo especial. Baje la cabeza y mi boca se apoderó de su clítoris, según se lo cogí ella empezó a gritar como una condenada...

- ¡Hay mi neniño! ¡Hay mi neniño que me matas! Que gusto me estas dando ¡Cabrón! No hay nadie que chupe un coño como tu ¡¡Esto es el paraísooooooo!!

Y empezó a correrse como una vaca, sus flujos salían de su coño en cantidades industriales y yo estaba a reventar, me baje el pantalón y los calzoncillos a toda velocidad y le incrusté mi polla en su interior de un solo golpe. Pero... tenía el coño tan dilatado y encharcado con sus flujos que mi polla navegaba en su interior, ella se percató de mi decepción y ... ¡Ho milagro! Puso en funcionamiento sus músculos vaginales y ... ¡La gloria vendita! Su coño se convirtió en un guante de terciopelo, según entraba o salía mi polla de su interior, ahora acariciaba la cabeza, ahora la parte media, ahora la base, la succión era constante y al mismo tiempo y como la posición sobre la mesa era ideal con mis dedos podía seguir excitando su precioso clítoris y sus hermosas tetas por lo cual y muy a pesar mío sin tardar demasiado lancé un gran grito y empecé a correrme en su interior, ella lanzó otro grito y empezó a correrse de nuevo. Ambas corridas fueron maravillosas. María en cuanto se recuperó un poco me cogió entre sus brazos y me comió a besos, luego con un paño se secó y limpió el coño al igual que mi polla y mis cojones que estaban empapados de sus flujos, se colocó un delantal y se dispuso a preparar la comida para ambos, al verla evolucionar por la cocina con el delantal como única prenda de vestir y meneando aquel hermoso culo de un lado a otro mi polla empezó a ponerse a mil, sin que ella se percatara me fui a la nevera y embadurné mi polla con mantequilla y en un momento en que ella se agachó poniendo su culo en pompa la cogí de las caderas y se la incruste en el culo de un solo golpe, ella dio un grito mas por la sorpresa que por lo que le doliese, los dos nos quedamos quietecitos, como de mutuo acuerdo y de pronto ella empezó a menear su hermosa popa con unos movimientos como de rotación, simultáneamente con su esfínter anal inicio unos movimientos de succión sobre la cabeza de mi polla y ahí fue el no va mas, empecé a correrme de nuevo, ella no aflojó su esfínter y mi polla seguía tiesa por lo cual y acariciando su clítoris con el dedo pulgar y otros dos dedos en el interior de su coño seguimos unos cinco minutos mas, ella de pronto empezó a gemir, a dar gritos y a mover el culo como si le fuese la vida en ello, tubo un orgasmo de elefante y yo volví a correrme en el interior de su culo. Tanto semen tenía acumulado en su interior que cuando le saqué mi polla hizo... ¡Plof! Y salió un chorro disparado hacia el exterior.

Sobre las 14,30 horas nos pusimos a comer, María es una cocinera excepcional y comimos los dos con verdadero apetito, luego de comer nos sentíamos muy cansados y tal cual estábamos nos acostamos a dormir la siesta. No se el tiempo que estaríamos durmiendo, de pronto nos despertó un agudo grito, era Antonia que había regresado la cual al ver en su cama a su hermana y a un tío en pelotas (todavía no me había reconocido) se llevó un susto de muerte, pero en cuanto se fijó en mi...

- ¡¡Carliños!! ¡Nuestro amorcito del alma! ¡Has regresado! Que feliz soy de verte... y tu María ¿Supongo habrás dejado algo para mí? Por la facha que tenéis me imagino que ya hicisteis una buena fiesta ¿Verdad?
- De verdad que si Antoñita, este cabrón de este neniño no te imaginas que alegría dio a mi triste coño y a mi no menos triste culito, realmente fue una verdadera delicia.

En el transcurso de este diálogo ya la Antonia se había despelotado y me magreaba por todos lados, yo la verdad echaba de menos su monumental cuerpo y mi polla se puso como si nada hubiese ocurrido en un año. Mi boca se apoderó de sus pezones y mis manos tenían fiebre febril, no paraban quietas en ningún rincón de su cuerpo, Antonia jadeaba y suspiraba, giramos nuestros cuerpos y cada uno se apoderó de lo que más gustaba, el perfume de su coño era embriagador, su clítoris estaba rojo, tieso y duro, su vagina destilaba flujos seguido. Mi boca y lengua hacían estragos en ese rincón de la anatomía de Antonia, mas ella no se quedaba a la zaga, su boca hacía estragos en mi prepucio, de pronto el primer chorro de semen que le largué debió llegarle directamente al estómago y a continuación se atragantó, no daba tragado todo lo que salía. María no salía de su asombro...

- ¿De donde sacará este condenado tanta leche? Se preguntaba.

Y Antonia comenzó con una serie de orgasmos encadenados, bufaba, gritaba y botaba en la cama como una posesa. Cuando los espasmos de placer le fueron amainando se fue girando en la cama y me abrazó tiernamente, era todo agradecimiento, bajó la mano por mi cuerpo y al llegar a mis ingles se encontró con mi polla tiesa (Yo tenía su culo en mente) ella pareció adivinarlo, se puso de espaldas a mí y colocó su culo en pompa, mi polla y toda su zona genital estaban perfectamente lubricados por lo cual no hubo dificultad alguna para meterle mi polla en su recto hasta los cojones, estuvimos un buen rato quietecitos, disfrutando plenamente de la penetración, de pronto y como de mutuo acuerdo empezamos a girarnos quedando ambos de rodillas sobre la cama y sin sacar mi polla de su interior en ningún momento, fue entonces el turno de María, metió su cabeza entre nuestras piernas y su lengua se parecía a la de un novillo dando lengüetazos alternativamente al coño de su hermana y a mis cojones, el placer que ambos sentíamos era inaudito y a los diez minutos ambos dábamos alaridos, aquello no era un orgasmo, aquello era ¡¡La leche bendita!! Antonia y yo quedamos desmadejados, me di cuenta que mi polla me dolía y me encontraba medio reventado. Por fin las hermanas habían acabado conmigo pero era tremendamente dichoso sentirme abrazado y acariciado tiernamente por este par de matronas que tanto me querían.

Después de descansar ¿Descansar?... Dos días con las hermanas me dispuse a partir, había dado mi palabra a Antonio y Graciela así como al alcalde del pueblo Castro de los Judíos que a mi regreso pasaría a visitarles. Antonia se empeñó en acompañarme en su Todo Terreno hasta Ponferrada y allí tomaría el tren hasta muy cerca de Castro de los Judíos unas 7 horas de viaje en total. Ni que decir tiene que el viaje hasta Ponferrada tubo sus peripecias, fue necesario hacer dos paradas por el camino. Ya se imaginarán Uds. para que.

A las 12,30 de la noche del día 12 de Agosto, di la gran sorpresa a mi amigo Antonio en su panadería, el hombre estaba trabajando sudando como un condenado, al verme se llevó una sorpresa de campeonato fundiéndose conmigo en un amigable abrazo, se ofreció de inmediato para llevarme a casa pero yo muy astutamente le dije que no tenía sueño y mañana saludaría a Graciela por lo cual me quedé toda la noche con el ayudándole en la tarea de la fabricación del pan lo cual agradeció profundamente. A las 6 de la mañana ambos nos dirigimos a casa y como Graciela dormía entre los dos preparamos mi cuarto rápidamente. En cuanto me metí en cama quedé profundamente dormido, desperté sobre las tres de la tarde, me dí una ducha y me dirigí a la cocina, allí estaba Graciela y Antonio (Medio adormilado) Graciela con la boca y ojos abiertos como platos se quedó pasmada mirándome (Antonio con el sueño que tenía se olvidó decirle que yo estaba en casa).

- ¡Carlos! ¿Cuándo llegaste?¿Dónde estabas? Antonio como no me has dicho...
- Valla mujer con el sueño que tengo se me olvidó decirte que Carlos llegó a noche, pasó toda la noche trabajando con migo en la panadería.
- Carlos llegaste justo a tiempo, voy a poner la comida. Dijo Graciela. ¡Venga siéntate a mi lado y cuéntame cosas!

Les relaté el resto del camino hasta Santiago las pequeñas peripecias que pasé (Por supuesto omití mis aventuras con María y Antonia). En fin, como es la ciudad de Santiago, la catedral Etc. En el café (Antonio no tomó pues tenía que dormir) disimuladamente Graciela metió su mano bajo el mantel y comenzó a frotar mi polla sobre el pantalón y en ese momento Antonio despertó de golpe dándonos un susto de muerte, creímos que nos había sorprendido. El despertar fue para darme una última sorpresa...

- ¡¡Carlos!! No te dije... Menudo despiste... ¡Soy el tío más feliz del mundo! ¡¡¡Graciela está embarazada!!!
- Joder amigos menudo notición. Mi mas sincera felicitación a ambos.

Me levanté de mi asiento y le di un fuerte abrazo a mi amigo Antonio y como quien no quiere la cosa repetí el abrazo... y de que manera a Graciela y la muy puta al oído me dice...

- Ya sabes que el niño o niña es tuyo (y la muy zorra se reía).

Antonio se despidió diciéndome que se acostaba a dormir la siesta, sobre las ocho iríamos los dos a ver al alcalde y amigos del pueblo, yo les dije a ambos que también me acostaría un rato y Graciela nos dice que para no molestar ella haría la siesta en el patio, la mirada que me dirigió era todo un poema. Me fui a mi cuarto y cerré la puerta por dentro, abrí la ventana y esperé, no pasaron cinco minutos y apareció Graciela con su batita blanca y la manta bajo el brazo, me di cuenta por el sonido que atrancó la puerta del patio por dentro, sin mirar ni un solo momento a la ventana colocó la manta bajo los árboles, se soltó la cinta de la bata, se despojó de ella quedando en braguitas y sujetador y se tumbó sobre la manta como si fuese a dormir, dejé pasar un buen rato y casi consigo que se quede dormida de verdad, silenciosamente me acerqué a ella, estaba boca arriba y con las piernas ligeramente abiertas, pasé suavemente mis dedos sobre su pubis ella dio un ligero respingo pero siguió fingiendo que dormía, mis dedos seguían acariciando su rajita sobre las bragas y ella seguía muy quietecita disfrutando la caricia con los ojos cerrados, cogí el elástico de las braguitas por los costados y se las fui bajando muy lentamente, cuando se atascaban en sus nalguitas ella con un suave movimiento de sus caderas permitía que siguieran bajando hasta que se las saqué totalmente ya en ese momento su coñito rezumaba el néctar de la felicidad, los labios se le habían abierto y el clítoris asomaba prodigiosamente duro y rojo, acerque mi boca y mi lengua comenzó a explorar su cavernita, mis labios se apoderaron de su clítoris, entonces ella aprisionó mi cara con sus piernas, colocó sus dos manos sobre mi cabeza y empezó a menear sus caderas de una forma loca, sus manos apretaban y soltaban mi cabeza dirigiéndola hábilmente para que le chupara el clítoris o metiera la lengua en su agujerito, buscaba afanosamente el placer supremo y lo consiguió, dio un gran grito y empezó a convulsionarse su coño chorreaba como una fuente, debió de encadenar unos tres o cuatro orgasmos consecutivos, en cuanto se recuperó me abrazó amorosamente besándome con pasión.

- Gracias mi amor, no te imaginas las ganas que tenía de que alguien me hiciese lo que tu me has hecho. Intenté que me lo hiciese el Cornudo de mi marido y el muy cabrón me dice que eso es antinatural y que le da asco.

Tremendamente agradecida y muy amorosamente empezó a desnudarme y en cuanto dejó mi polla al descubierto ¡Zas! De un bocado se la incrustó hasta la garganta, inició un movimiento de sube y baja haciendo simultáneamente movimientos de rotación con su lengua sobre el prepucio, su mano izquierda acariciaba dulcemente mis pelotas mientras que la derecha seguía él sube y baja de su cabeza, ambas estaban perfectamente sincronizadas, total que en cuestión de muy pocos minutos mi polla comenzó a lanzar un verdadero manantial de leche que ella se tragó con sumo deleite, como sabia que mi polla no se bajaba tan fácilmente inmediatamente se puso de rodillas sobre la manta sin necesidad de indicarme que es lo que quería, me situé inmediatamente detrás de ella y de un empellón, sin avisar, se la metí hasta el fondo del culo, ella dio un grito y me llamó hijo de puta pero inmediatamente empezó a menear sus caderas con una cadencia que para sí quisiera una bailarina Turca, su esfínter chupaba también o mejor que su boca, mis manos recorrían su cuerpo de arriba abajo, sus tetas, su coño, en una caricia interminable, me pidió cambiar de posición, deseaba sentirme dentro de su coño, me acosté yo sobre la manta y ella colocándose sobre mí comenzó a bajar su coño hasta que enterró totalmente mi verga en el, al mismo tiempo bajó sus tetas para que le chupara los pezones, los tenia a reventar de duros que estaban, empezó a bajar y subir suavemente en principio pero a los dos minutos le entró la fiebre y comenzó a bajar y subir de una forma desenfrenada, yo no pude mas y empecé a correrme a raudales en su interior, ella al sentir el calor de mi semen empezó a correrse en una cadena interminable de orgasmos, nos besamos dulcemente acariciándonos casi con verdadero amor. Digo casi con amor por que desde hace algunos días mi mente no deja de reflejar la imagen de Laurita, creo que estoy enamorado de ella. Inmediatamente ambos nos fuimos al baño y nos lavamos el uno al otro a toda prisa, Antonio debía estar a punto de despertar y así fue, según entraba yo a mi habitación salía el de la suya hacia el baño. Suerte que no llegó a verme, en el baño si se encontró con su esposa y se puso de charla con ella pues su presencia allí no le extrañó en absoluto, él en cuanto salió me llamó y ambos nos dirigimos al encuentro del alcalde el cual al verme me dio un abrazo muy fraternal en nombre de todos los vecinos tanto los que traté de sus dolencias como el resto, amigablemente nos reunimos en la taberna con todos los que por allí aparecían, algunos me pidieron si podría al otro día echarles un vistazo y por supuesto no me negué pero advirtiéndoles a todos que cogería el tren de las 17,30 dirección Burgos. A las 21,30 Antonio se dirigió a la panadería y Graciela se puso a fregar los cacharros de la cena yo sentado en la mesa veía como meneaba el culo de una forma tremendamente sensual, mi polla no se lo pensó dos veces, se puso a mil, me levanté y silenciosamente me le acerqué por atrás, me agaché y empecé a pasar mis manos suavemente por sus muslos, ella ni se inmutó, lo estaba esperando. Según subían mis manos por sus muslos ella se iba reclinando sobre el fregadero, llegué a sus braguitas y se las fui deslizando piernas abajo dejando su culito al aire, ella se abrió de piernas y mi mano se apoderó de todo su coño, con un dedo excitaba su clítoris mientras que otros dos dedos se abrían paso hacia su interior, en cuanto tubo el coño bien mojadito saqué mi polla, situé el glande entre sus labios vaginales y suavemente se la fui introduciendo, saboreando el terciopelo de sus paredes vaginales, aquel agujerito era el mas suave de los guantes, ella movía sus caderas en una especie de movimiento de rotación cadencioso y acompasado, simultáneamente al movimiento de sus caderas mi polla entraba y salía de su chochito, sin apurarse saboreando en profundidad lo que tenía que ser un buen polvazo. Solté la cinta de su batita y mis manos acariciaban dulcemente sus tetitas, ella empezó a acelerar el movimiento de sus caderas y mi pene empezó a engordar en el interior de su vagina, nuestros gemidos si alguien estuviese en el exterior de la casa los oiría perfectamente, no podíamos reprimirlos, ella dio de pronto un chillido e inmediatamente empezamos a corrernos, sus flujos mezclados con mi semen bajaba a chorro por nuestros muslos, ella se sacó la bata, se limpió y me limpió y seguidamente nos dirigimos a su habitación, desnudos nos tiramos sobre la cama y nuestras bocas se apoderaron de nuestros respectivos sexos, nos gozamos a morir, estábamos relajados y nos dedicamos a darnos placer mutuamente, nuestras lenguas recorrían todos los rincones de nuestros respectivos sexos, buscando las sensaciones mas ocultas, de pronto ella se soltó se puso de rodillas sobre la cama y sin que me dijera nada de un empellón se la metí en todo el culo...

- Eres un hijo de puta, siempre me la metes sin avisar y a fondo.
- Es como más te gusta ¿O no?
- Sigue cariño, sigue mi amor, me estas matando de gusto ¡¡¡voy a correeerrrmmmeeeeeee!!!

Yo empecé a dar estocadas seguidas y ambos volvimos a corrernos como animales, quedamos desmadejados sobre la cama, nos abrazamos tiernamente y quedamos semi dormidos, pero... ambos éramos conscientes que yo no podía quedarme dormido en su propia cama, podría ser terriblemente peligroso por lo cual y con mucha pereza me dirigí a mi cuarto y me quedé profundamente dormido.

A las 8,30 de la mañana me despertó Graciela, había quedado estar en el ayuntamiento a las 9,30 por lo cual me levanté, desayuné y me fui a mi consultorio provisional, la verdad que me lo pase muy bien con aquellas sencillas gentes y desde luego mi experiencia como facultativo se incrementó notablemente. A las 14 horas me recogió Antonio para ir a comer y a las 17,30 mi gran sorpresa... Medio pueblo en la estación de ferrocarril para despedirme. Antonio y Graciela me rogaron que me pusiera en contacto con ellos cuando montase mi clínica en Burgos, Antonio quería que Graciela fuera mi primer paciente, a mí me dio la risa y le dije que yo no era Ginecólogo pero él en su simpleza me dijo que un médico siempre es un médico no importa como se le llame, tanto insistió que le aseguré que así lo haría. Sobretodo porque yo quería conocer a ¡MI RETOÑO!

Me subí al tren y en mi cabeza retumbaba el nombre de... ¡Laura! ¡Laura! ¡Laura! A las 11 de la noche el tren llegó a la estación de Sahagún, busqué una pensión y me quedé a pasar la noche en la Villa, me levanté de cama a las 10 de la mañana, desayuné y en un taxi me desplacé a la gran finca de Adela que distaba de la Villa unos 8 Km. Pedí al taxista me dejara a unos centenares de metros antes de llegar a casa, no obstante Laura escuchó el motor del vehículo y salió a la puerta, se quedó mirando unos segundos y de pronto emprendió una veloz carrera hacia mí, en cuanto llegó prácticamente me estrujo contra ella, llorando y riendo a la vez, atropelladamente me decía lo mucho que me había echado de menos y de pronto...

- ¡Carlos, estoy terriblemente enamorada de ti, te quiero con toda mi alma y de verdad si, me puse enferma cuando te marchaste!

No podía creer lo que estaba escuchando, me parecía irreal, mi sueño se cumplía...

- Laurita, yo también estoy loquito por ti, tu nombre en ningún momento dejo de sonar en mi cabeza ¡¡Te amo, mi amor!!

Nos besamos apasionadamente y cuando nos soltamos Adela estaba a nuestro lado radiante de felicidad (Estaba preciosa con un vestido blanco bastante ajustado a su cuerpo que le quedaba de maravilla) Me cogió entre sus brazos y me besó casi con tanta pasión como su hija, las dos, madre e hija irradiaban felicidad por todos sus poros, pasé mis brazos sobre los hombros de cada una de ellas y los tres nos dirigimos a casa, en cuanto entramos Adela nos ordenó que nos sentáramos que quería hablarnos.

- ¿Laura, de verdad estas enamorada de Carlos?
- Si mama, estoy loquita por él, desde que él faltó sabes que no podía vivir.
- Carlos, e podido escuchar que tu también la quieres ¿Es verdad?
- Si Adela, es verdad, estoy terriblemente enamorado de ella.
- Como ocurre que yo en cierto modo también estoy enamorada y es de ambos os propongo lo siguiente: 1º Os casáis, 2º Yo os nombro herederos universales de todo lo que poseo y 3º Que la unión entre los tres sea total, sin tapujos, sin barreras, los tres nos queremos y los tres nos compartimos ¿Estáis de acuerdo?

Yo estaba alucinado, no me lo podía creer, pero era cierto, las dos me miraban arrobadas e ilusionadas y yo no podía defraudarlas.

- Adela, es la proposición más hermosa y agradable que e recibido en toda mi vida, por mi parte acepto encantado y quedo a vuestra completa disposición.

Laurita dice...

- Mama, Carlos: os quiero tanto a ambos que es imposible exista en el mundo una persona más feliz que yo. Por supuesto que yo también acepto.
- ¡Bien! Dice Adela, estando los tres de acuerdo queda un último detalle el cual es necesario sea también aprobado por los tres, desde hace tiempo una industria cárnica anda detrás de estos terrenos, la cifra de venta ronda los 700.000.000 de pesetas, yo propongo se haga la venta y los tres nos instalemos en Burgos y fijemos allí nuestra residencia donde por supuesto Carlos montará su clínica.

Sin dudarlo Laura y yo estuvimos de acuerdo de inmediato y Adela alegando que tenía que hacer no se que cosa en no se que sitio nos dejó solos a Laurita y a mí. Nos faltó tiempo para desnudarnos mutuamente ¡Qué cuerpo madre mía! Que maravilla de niña, no era extraño estuviese tan enamorado de ella, tenía los pezones duros como piedras en el centro de sus hermosas y rotundas tetas, mi boca se prendó de ellos y chupe con glotonería, ella me cogió de la mano y me condujo a su cuarto, nos tiramos sobre la cama, me puse sobre ella y parsimoniosamente fui besándola desde la frente pasando sobre sus hermosas tetas hasta que llegué a su esplendoroso coñito, realicé una ligera parada y continué hasta que llegue a sus pies besé con sumo cariño cada uno de sus deditos y ella se retorcía de placer, fui subiendo de nuevo hacia el centro del placer supremo, me paré un buen rato acariciando sus muslitos y pasando mi lengua muy suavecito por su parte interna, ella se moría de gusto, en cuanto llegué a su coñito este ya estaba empapado con sus divinos flujos el clítoris lo tenía a mil, rojo y tenso, totalmente enardecido. Ella se giró sobre si misma y con sus manos cogió mi polla, su lengua empezó a rodear el glande, se la metía poquito a poco en su boquita mientras sus deditos acariciaban todo lo que encontraban, en pocos minutos entre gemidos y gritos ambos nos corrimos como salvajes, rápidamente me giré y metí mi lengua en su boca, absorbí los restos del semen que en ella quedaban, ella con la suya limpiaba con habidez la mía, mi pene seguía a mil, el glande rozaba sus labios vaginales, ella cruzó sus piernas sobre mis caderas y con gran suavidad hizo que mi polla penetrara totalmente, nos movíamos acompasadamente, amándonos hasta el infinito, nos movíamos y nos comíamos a besos, estrujaba sus tetas y comía sus pezones, nuestros gemidos se tenían que escuchar en el exterior. Ella me pidió cambiar de posición, se situó sobre mí muy tiesa, cogió mi pene con una mano y comenzó a bajar suavemente sobre él metiéndoselo en el culo para mi sorpresa, en cuanto lo tubo dentro, comenzó a bajar y a subir apretando simultáneamente con su esfínter, el placer que me estaba dando era indecible pero por sus gemidos el suyo no era menos, de pronto bajo de golpe, cerro los ojos, dio un grito y empezó a correrse, yo no quise ni pude aguantar mas y acogiéndola de las tetas lance un chorro de semen que debió llegarle al estómago, ella se dejó caer de lado en la cama, tenía calambres en las piernas del ejercicio que había hecho. Cuando mi polla salió de su culo se giró hacia mí, su rostro de felicidad era conmovedor, me la comí a besos y entonces nos percatamos de la presencia de Adela, la pobrecita estuvo casi todo el tiempo sentada en un sillón situado en un rincón de la habitación mirándonos a nosotros y matándose a pajas pero su felicidad era patente al vernos a nosotros felices.

- Bueno chicos ¿Qué os parece si vamos a comer algo? Ya es hora.

Después de comer Laurita le dice a su madre...

- Mama ¿Te gustaría echar una siestecita con nosotros?
- Pues claro que me gustaría hijita pero... ¿No os molestaré?

Yo me levanté, cogí a MI Adela por la cintura, la bese tiernamente en la boca y le dije...

- Tu nunca molestarás Adela, a partir de hoy serás MADRE y ESPOSA.

Los tres nos dirigimos a la habitación de Adela (Tenía la cama más grande) Laura no se había molestado en vestirse, solo se había puesto unas bragas, se las quitó y se tiro sobre la cama y Adela cuando hizo el gesto de desnudarse no se lo permití, la cogí por el talle con un brazo y con el otro empecé a sobar sus enormes tetas sobre el vestido besándola al mismo tiempo apasionadamente, bajé mi mano del talle y la metí entre sus piernas acariciándole los muslos por su cara interna ella gemía y cada vez abría mas sus piernas, llegué con mi mano a su peludo chocho sobre sus braguitas, acaricio su rajita con un dedo pudiendo aprecias que su clítoris ya estaba inflamado, se lo podía detectar sobre la tela de las bragas. Mientras tanto Laurita espatarrada sobre la cama había metido dos dedos de su mano derecha dentro de su coño, con la izquierda se acariciaba las tetas sin perder detalle de lo que yo hacía a su madre. Cogí el dobladillo del vestido de Adela y se lo saqué por la cabeza quedando delante de mí con un conjunto de braguita y sujetador de encajes blanquísimo, sus tetazas lucían preciosas y su gran monte de venus se traslucía perfectamente a través de la tela de las braguitas, yo solo tenía puesto el calzoncillo y solo verla en paños menores mi polla estaba a punto de reventarlos, ella me separó ligeramente, se arrodilló en el piso, me sacó el calzoncillo y con sus manos cogió mi polla llevándosela a la boca, succionando, lamiendo y acariciándola con verdadera dulzura. Sus caricias eran tan enervantes que acogiéndola por la cabeza de pronto se la metí hasta la garganta empezando a descargar un verdadero manantial de leche, la levanté y con mi boca succioné los restos de semen que le quedaba en la suya (Me empezaba a gustar mi propio semen) le quite el sujetador y la recosté sobre la cama apoderándome inmediatamente de una de sus tetazas de la otra se apoderó Laurita mamando como una descosida, fui bajando lamiendo su turgente barriguita llegué a sus bragas y sobre ellas le di un par de lametones a su chochito, le quité las bragas, me situé entre madre e hija uniendo una pierna de cada y separando las otras dos, sus chochos quedaron esplendorosamente expuestos delante de mi que con mucha dedicación me puse a la labor de das chupetones y lamidas a diestro y siniestro, ellas se besaban y se comían las tetas mutuamente gimiendo ambas como locas y ocurrió lo inaudito, ellas se corrieron al mismo tiempo, tuvieron un orgasmo simultaneo fenomenal, yo estaba loco por follarme a Adela por lo cual me situé en medio de sus muslos, apunté mi polla y se la metí hasta los cojones, ella la recibió con verdadero placer, Laurita nos acariciaba y besaba a ambos, con amor, Adela suspiraba del placer que sentía, movía sus caderas cadenciosamente, sus manos sobre mi culo apretándolo y soltándolo según a ella le convenía, ella marcaba el ritmo, de pronto dio un grito, arqueó la espalda y ambos empezamos a soltar nuestros jugos en cantidad desaforada, estos se salían por los bordes de su vagina haciendo un charco bajo su culo. Adela estaba incansable, me tumbó de espaldas sobre la cama se colocó de espaldas a mí, posicionó mi glande en la entrada de su culo y poquito a poco se lo fue introduciendo y Laurita que estaba a punto de correrse debido a la gran paja que se estaba haciendo situó su coño sobre mi boca refregándolo a placer, con mis dos manos la cogí del culo y le metí mi lengua todo lo que pude y ella empezó a soltar sus jugos en mi boca, eran deliciosos, eran los jugos de mi niña virgen. Mientras Adela se estaba dando el gran banquete mi polla entraba y salía de su culo a una velocidad vertiginosa yo empecé a soltar de nuevo mi leche y ella al notar el calor de la misma dio un alarido y realmente creo que fue el orgasmo más grande de su vida, tanto que sufrió un desmayo, se recuperó y penosamente se acostó a nuestro lado con una sonrisa beatífica se quedó dormida. Laurita y yo nos sonreímos con dulzura, nos dimos un beso apasionado y también nos quedamos dormidos. Nos despertamos sobre las 9 de la noche y Adela dice...

- Fue la mejor siesta que eché en mi vida y todo gracias a vosotros... ¡Muchísimas gracias cariños míos!

Nos besó con pasión a ambos. Ellas se pusieron unas bragas limpias y yo unos calzoncillos, nos fuimos los tres a la cocina, los tres teníamos necesidad imperiosa de reponer fuerzas.

A los dos meses de mi regreso Laurita y yo nos casamos con todas las de la ley, los dos, mejor dicho los tres nos queríamos con locura.

La gran finca se vendió y los tres nos instalamos en la ciudad de Burgos (Mi ciudad natal). Compramos un chalecito muy confortable en las afueras de la ciudad y en el centro compramos un gran piso donde instalé mi clínica, también hacía las veces de vivienda, sus dimensiones lo permitía. Yo relaté a Laura y Adela con pelos y señales mis peripecias por el camino de Santiago y para mi sorpresa las dos resultaron ser una celosas de campeonato, acordaron que en adelante los únicos coños que yo vería serian los de ellas por lo cual ambas se turnarían como enfermeras, aunque para mí con sus dos coños tenía mas que suficiente (Las dos eran verdaderas máquinas de hacer el amor).

No hubo problema no obstante en invitar a Manuel y Gabriela. Ellas sabían que el niño de Gabriela era mío por lo cual lo consideraban un poquito de ellas y cuando el matrimonio llegó a casa lo recibieron con verdadero afecto. Para Antonio y Gabriela fue una sorpresa enorme verme casado tan rápidamente sobre todo para Gabriela, de todos modos Gabriela muy disimuladamente trató de meterme mano lo cual detectó rápidamente Laurita. Luego de un rato de conversación Laura se llevo a Gabriela con el pretexto de enseñarle la casa, ellos se quedarían en el piso durante su estancia en Burgos. Nunca quise saber que fue lo que Laura dijo a Gabriela, ella nunca se acercó a mí a menos de un metro excepto cuando se marchó para darme un beso, decentísimo y en la mejilla.

A María y Antonia les relaté por escrito todos los acontecimientos y como el dinero que me habían regalado no me hacía falta en absoluto se lo remití en la misma carta. A los pocos días recibimos su contestación acompañada del mismo talón felicitándonos a Laura y a mí, el talón era nuestro regalo de boda y que me recordarían siempre con muchísimo cariño.

Laura tubo dos niños, niña y niño, somos los padrinos de Manolito, hijo de... y de Gabriela, a MAMA Adela fue necesario practicarle un aborto, no era decente que... en fin... Y yo soy el más feliz y dichoso mortal que existe sobre la tierra.

FIN

Afernandez24@hotmail.com

 

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