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En el capítulo anterior, me encontraba haciendo una visita como tutora de Eva. Soy profesora de cultura clásica y me tomo muy en serio el ayudar a mis alumnos y alumnas. Eso a veces incluye el hacer visitas a los padres. No sabía que Juan, el padre de Eva, era divorciado. El caso es que hicimos muy buena amistad y estabamos decididos a ayudar a Eva, cuando nos envolvimos en satisfacernos a nosotros mismos, nuestra soledad y búsqueda desenfrenada de placer.

Juan me tenía con los sentidos crispados, no sabiendo a qué atender, con mi vello erizado sintiendo infinitas emociones. Mis piernas estaban abiertas en el sofá, mis bragas hacía tiempo que no estaban en mi piel. El sujetador estaba en el suelo. Sus manos me acariciaban con delicadeza con un tacto firme pero suave. Mis ojos estaban cerrados, relajados, dejándose sentir intensamente esas emociones. Me dejaba hacer, ya le tocaría a Juan disfrutar, aunque en realidad a juzgar por su pene erecto y el flujo que
de vez en cuando goteaba en mis medias negras, estaba bien excitado, aunque no porque yo le estuviera tocando. Era mi turno de gozar. Mis pezones explotaban en medio de mis grandes aureolas rosadas.

Empecé a notar otro tacto, más suave, más indeciso. Como si una mano más pequeña, menos experimentada me comenzara a acariciar la cara, los hombros, el comienzo de mis pechos y jugara con mis pezones en círculo.

Puesto que me sentía excitada por otro tacto a la altura de mi coño, esta era otra persona. Yo no la veía porque seguía con los ojos cerrados.

Quería experimentar placer y goce con todos los sentidos pero sin ver por donde me
venía y quién lo provocaba.

Al estar segura de que otra persona me tocaba decidí ver quien era.

-Evita, ¿qué haces aquí?

Me sentí muy avergonzada. Era mi alumna, yo su tutora. Con qué autoridad la iba a mirar a los ojos a partir de ese momento. Me había pillado haciéndolo con su padre, en su casa, qué clase de visita de tutora era esa?

Me traté de tapar un poco con mis manos los pechos, pero tenía el coño húmedo y abierto, con los labios de su padre sumergido en él. Mi excitación estaba clara y manifiesta.

-No te preocupes Loli, no pasa nada porque seas mi profesora. Creo que esto también se puede aprender. Necesito aprenderlo, creo que me estoy perdiendo algo, ya soy mayor y no quiero aprender con los niñatos de la clase.

-Déjame aprender a gozar y sentirme mujer, por favor, Loli.
-No sé, que da mucha vergüenza, no te podré mirar a la cara, pensaré que lo he hecho contigo y con tu padre. Necesito distanciarme de mis alumno, no podré ser imparcial contigo si esto continua.
-Cariño, Eva tiene razón. Ella necesita aprender esto de una mujer. Yo como su padre, no le puedo explicar ni hacer sentir qué partes de vuestro cuerpo se excitan más y de qué modo. Ayúdanos Loli, preciosa.

Medio convencida, tomé de la mano a Eva, la acerqué a mi pecho. Mis labios estaban cerca de los suyos, se juntaron, muy despacio, casi sentíamos cosquillas.

Mientras Juan bajó a seguir jugueteando con mis piernas, las acariciaba por encima de mis medias, me encanta el tacto y las caricias de ese tipo, bajó hasta mis pies, me los besaba con ternura, los dedos, entre los dedos. Los chupaba despacio, saboreando su gusto semisalado.

Eva y yo empezamos a besarnos en la boca, nuestras lenguas tomaban el primer
contacto. Fui quitando a Eva su vestido, su sujetador. Sólo quedó con braguitas blancas de algodón. Sus pechos empezaban a llenar mi mano, su tamaño era suficiente. A sus 17 años ya era toda una mujer y me pareció después pensando, raro que aún no tuviera experiencia sexual. Comencé a acariciar su rajita, por delante, con mi dedo índice, se notaba su matita de pelo negro, que sobresalía un poco por sus bragas, no se depilaba el
vello.

Siempre me ha gustado que la mujer tenga pelo en su coño, yo misma no me depilo totalmente, solo por los lados.

Sus pezones se erizaban, se estaba excitando, tal vez por primera vez acompañada.

Juan estaba haciendo un buen trabajo con mis piernas y mis pies. Subió hasta mis pantorrillas, mis muslos, la parte interior. Di un pequeño gemido, exclamación, al ser tocada en la parte interior de mis muslos, es una de mis zonas erógenas más excitables. Juan babeaba y su boca húmeda mojaba ya mis labios mayores. Son prominentes, a veces he visto mujeres en fotos que les pasa como yo, les cuelgan un poco los labios mayores del coño, a Juan le encantaba y estaba chorreando solo de lo que estaba viendo.

Yo había perdido la noción de todo, casi estaba perdiendo el conocimiento por la pasión y el placer que estaba experimentando. Pocas veces me había pasado algo así.

-Cariño, bésame, que tu padre me va a volver loca. No quiero que este momento se acabe nunca. AAhhh! me voy a correr como una putita viciosa.!!

Juan habia acelerado sus besos y me succionaba con deleite mi corrida, mis jugos. Ahora tocaba con la punta de la lengua mi clítoris que ya sobresalía claramente de mis labios vaginales.

Eva pasó una pierna por encima de mi ombligo hasta sentarse a horcajadas mientras nos seguíamos morreando. Al apoyar su culo sobre mi ombligo noté su humedad, estaba chorreando de placer. Con las manos me acariciaba y amasaba con deseo los pechos y pellizcaba los pezones. Yo no paraba de gemir y ronronear.

Juan seguía con su cara en mi coño, chupeteando en maravilloso cunilingus.

Tenía los pantalones en los tobillos y estaba agachado en el sofá con su pene erecto. Subió sus manos y dio con ellas en el culazo de Eva, al notarlo se paró por un momento, pero como no era terreno desconocido, mientras me daba la gran mamada de mi vida, amasó los cachetes del culo de su hija, que aceleró a su vez las caricias que me propinaba.



Estuvimos así un buen rato hasta que por fin Juan no pudo aguantar más y subiendo hacia mi ombligo, lengueteo el culito de su hija y siguió subiendo por su espalda, puso sus manos en los pechos de Eva, los acarició y forcejeó con ellos y por fin su pene se fue acercando a mi vagina y me penetró una y otra vez, controlando las acometidas. Con una mano en sus pezones y la otra en el coñito peludo y negro de Eva, por donde coló un dedo y luego dos, los tres dimos un grito de placer que debieron oir todos los vecinos.

Mi visitas a Eva y su padre se repitieron durante el curso y ella tuvo una nota excelente en junio.

Dedicado a mujeres maduras bisexuales que se sientan llenas de vida.


Autor: doloresxxx
doloresxxx@hotmail.com

 

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