Relatos |
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Todo es fantasía pero supongamos por un momento que fuese real.... Escribo esta carta a modo de informe para que sea leído por los capos del sindicato del crimen de mi país, puede que luego lo filtre a los medios de comunicación de un modo u otro, eso ya se decidirá en su momento, en el fondo ese detalle no es importante ahora. Y sin embargo la vida no son más que detalles. Los que me conocen saben quien soy y donde vivo, pero como esto quizás acabe en algún periódico prefiero conservar el anonimato, no citar nombres. Les diré tan sólo que resido habitualmente en un país sudamericano. Me dedico habitualmente a negocios mafiosos, tengo varias mansiones distribuidas por todo el país y muchos millones de dólares para gastar en lo que quiera. Me entiendo bien por igual con el gobierno y con la guerrilla. El poder y el dinero son mis distracciones. En los últimos tiempos había perdido varios cargamentos de droga por culpa de una competidora, su antiguo nombre no importa, ahora se llama Midori. Otro día explicaré como la bauticé. El caso es que finalmente mis hombres la atraparon y la dejaron indefensa y en mis manos. - Nunca me rendiré -me dijo- puedes matarme pero no conseguirás más que mi cuerpo. Por cierto, su cuerpo estaba de vicio, muy culona, muy tetada, a pesar de tener solo 22 años, era de sangre asiática, una cara de muñequilla en un cuerpo verdaderamente espléndido. - No te preocupes, no morirás enseguida, antes has de aprender a respetarme. Te enviare a una de mis casas de reeducación de prostitutas. Lo dije y lo hice. Antes acorde con los otros clanes mafiosos que habría paz en los negocios si me regalaban a aquella puta. La envié por avión a uno de los pabellones que tengo en la selva. Al peor de todos. A doscientos kilómetros del pueblo más cercano. Primero lo vacié de prostitutas, solo dejé allí al personal de reeducación, a los guardaespaldas y al servicio doméstico, son todos hombres excepto el ama de llaves, Marga, una chica de treinta años que me debe la vida por muchos conceptos distintos. La envié a la finca en helicóptero. Venía atada de pies y manos. La puse en el centro de la habitación. - A partir de ahora me llamarás amo y me tratarás con respeto. - Tú sueñas. Cogí un látigo. - Pararé cuando digas "basta, Mi amo". Hice que la encadenaran al techo y empecé a azotarla. Llevábamos diez latigazos en el culo, volvimos a empezar, a los veinte empezó a resoplar, a los treinta sangraba abundantemente pero yo me había cansado de su resistencia y tampoco parecía que avanzásemos mucho. Hice que la desnudaran totalmente. - Esta bien, te daré a escoger, di "basta mi amo" y te dejó en paz hasta mañana o no digas nada y dejo que te violen veinte de mis asistentes. Trago saliva y dijo: - Basta, mi amo - Bien, veo que vas entendiendo, acabaremos siendo amigos. Verás que puedo hacer de ti una puta nata, y es más, me estarás agradecida. Ya lo veras. Callaba. - ¿Algo que decir? Si no dices nada te haré encular por. cinco chicos. - No tengo nada que decir. - No tengo nada que decir, amo. - No tengo nada que decir, amo. - ¿Qué talla usas de pantalón? - La 39. - Que le pongan unos shorts cortos, talla 37, si le caben, y bragas. Se los pusieron, eran las diez de la mañana y me desayune, ella no comió nada. Al mediodía se orinó en el suelo y la castigamos con diez latigazos en la espalda, ahora se quejaba al recibir los golpes, ya no callaba como antes, era un paso en la dirección que a mí me convenía pero yo quería conseguir más. Quería que me diese las gracias. De momento no dije nada. - Ahora me explicarás tu vida. - Hay poco que explicar. - Diez latigazos. - Está bien, esta bien, ya te la explico. - Los diez latigazos son para recordarte que me llames amo, luego ya me explicarás tu vida. - Esta bien, amo. - Que le den sólo cinco. Después de los cinco latigazos me explicó su vida. - Muy interesante esclava, pero toda tu vida anterior no es nada, te enseñaré a vivir de otra manera. - Por el dolor,.. Amo. - Por el placer, esclava, por el placer. Ahora te dejo. Voy a comer. - ¿Cuando comeré yo, amo? - Cuando aprendas la lección. - Por favor, amo, dame de comer, - Vas bien encaminada, pero aún te queda bastante por aprender, Adiós. A eso de las seis de la tarde volvió a orinar, limpiamos el suelo y le dimos diez latigazos en la espalda, hable con ella largo rato y usaba el "amo" como se debe usar. A las nueve de la noche la desencadenamos del techo, le atamos las manos a la espalda y la dejamos andar veinte minutos, iba desnuda excepto las bragas y los shorts, muy pequeños. Luego la preparamos para dormir. La hicimos orinar en una pared del dormitorio, ya había orinado tres o cuatro veces aquel día y siempre con los pantalones puestos por lo que le olía el coño muchísimo. Entonces le pusimos una mordaza de las de bola y la acomodamos en el lado izquierdo de la cama. - Ese es tu lado de la cama, si sales de él prepárate para un castigo ¿lo entiendes? - mmm- afirmaba con la cabeza. - Si has de salir de la cama porque tengas que orinar o cagar me despiertas, pero no salgas de la cama sin permiso por ningún concepto, prefiero que manches las sabanas a que me desobedezcas. Afirmo con la cabeza. - Aunque estés amordazada debes responderme tratándome de amo. - mmm- afirmo de nuevo - Muy bien, este es el primer día de tu nueva condición, hoy empieza el resto de tu vida. - mmm- afirmo. - Así me gusta. Entonces me tendí a su lado, la cama olía a orines, me acerque a ella y así pasamos aquella noche. Aquel día no la toqué. Todo es fantasía pero supongamos por un momento que fuese real.... Escribo esta carta a modo de informe para que sea leído por los capos d el sindicato del crimen de mi país, puede que luego lo filtre a los medios de comunicación de un modo u otro, eso ya se decidirá en su momento, en el fondo ese detalle no es importante ahora. Y sin embargo la vida no son más que detalles. Los que me conocen saben quien soy y donde vivo, pero como esto quizás acabe en algún periódico prefiero conservar el anonimato, no citar nombres. Les diré tan sólo que resido habitualmente en un país sudamericano. Me dedico habitualmente a negocios mafiosos, tengo varias mansiones distribuidas por todo el país y muchos millones de dólares para gastar en lo que quiera. Me entiendo bien por igual con el gobierno y con la guerrilla. El poder y el dinero son mis distracciones. En los últimos tiempos había perdido varios cargamentos de droga por culpa de una competidora, su antiguo nombre no importa, ahora se llama Midori. Otro día explicaré como la bauticé. El caso es que finalmente mis hombres la atraparon y la dejaron indefensa y en mis manos. - Nunca me rendiré -me dijo- puedes matarme pero no conseguirás más que mi cuerpo. Por cierto, su cuerpo estaba de vicio, muy culona, muy tetada, a pesar de tener solo 22 años, era de sangre asiática, una cara de muñequilla en un cuerpo verdaderamente espléndido. - No te preocupes, no morirás enseguida, antes has de aprender a respetarme. Te enviare a una de mis casas de reeducación de prostitutas. Lo dije y lo hice. Antes acorde con los otros clanes mafiosos que habría paz en los negocios si me regalaban a aquella puta. La envié por avión a uno de los pabellones que tengo en la selva. Al peor de todos. A doscientos kilómetros del pueblo más cercano. Primero lo vacié de prostitutas, solo dejé allí al personal de reeducación, a los guardaespaldas y al servicio doméstico, son todos hombres excepto el ama de llaves, Marga, una chica de treinta años que me debe la vida por muchos conceptos distintos. La envié a la finca en helicóptero. Venía atada de pies y manos. La puse en el centro de la habitación. - A partir de ahora me llamarás amo y me tratarás con respeto. - Tú sueñas. Cogí un látigo. - Pararé cuando digas "basta, Mi amo". Hice que la encadenaran al techo y empecé a azotarla. Llevábamos diez latigazos en el culo, volvimos a empezar, a los veinte empezó a resoplar, a los treinta sangraba abundantemente pero yo me había cansado de su resistencia y tampoco parecía que avanzásemos mucho. Hice que la desnudaran totalmente. - Esta bien, te daré a escoger, di "basta mi amo" y te dejó en paz hasta mañana o no digas nada y dejo que te violen veinte de mis asistentes. Trago saliva y dijo: - Basta, mi amo - Bien, veo que vas entendiendo, acabaremos siendo amigos. Verás que puedo hacer de ti una puta nata, y es más, me estarás agradecida. Ya lo veras. Callaba. - ¿Algo que decir? Si no dices nada te haré encular por. cinco chicos. - No tengo nada qu e decir. - No tengo nada que decir, amo. - No tengo nada que decir, amo. - ¿Qué talla usas de pantalón? - La 39. - Que le pongan unos shorts cortos, talla 37, si le caben, y bragas. Se los pusieron, eran las diez de la mañana y me desayune, ella no comió nada. Al mediodía se orinó en el suelo y la castigamos con diez latigazos en la espalda, ahora se quejaba al recibir los golpes, ya no callaba como antes, era un paso en la dirección que a mí me convenía pero yo quería conseguir más. Quería que me diese las gracias. De momento no dije nada. - Ahora me explicarás tu vida. - Hay poco que explicar. - Diez latigazos. - Está bien, esta bien, ya te la explico. - Los diez latigazos son para recordarte que me llames amo, luego ya me explicarás tu vida. - Esta bien, amo. - Que le den sólo cinco. Después de los cinco latigazos me explicó su vida. - Muy interesante esclava, pero toda tu vida anterior no es nada, te enseñaré a vivir de otra manera. - Por el dolor,.. Amo. - Por el placer, esclava, por el placer. Ahora te dejo. Voy a comer. - ¿Cuando comeré yo, amo? - Cuando aprendas la lección. - Por favor, amo, dame de comer, - Vas bien encaminada, pero aún te queda bastante por aprender, Adiós. A eso de las seis de la tarde volvió a orinar, limpiamos el suelo y le dimos diez latigazos en la espalda, hable con ella largo rato y usaba el "amo" como se debe usar. A las nueve de l a noche la desencadenamos del techo, le atamos las manos a la espalda y la dejamos andar veinte minutos, iba desnuda excepto las bragas y los shorts, muy pequeños. Luego la preparamos para dormir. La hicimos orinar en una pared del dormitorio, ya había orinado tres o cuatro veces aquel día y siempre con los pantalones puestos por lo que le olía el coño muchísimo. Entonces le pusimos una mordaza de las de bola y la acomodamos en el lado izquierdo de la cama. - Ese es tu lado de la cama, si sales de él prepárate para un castigo ¿lo entiendes? - mmm- afirmaba con la cabeza. - Si has de salir de la cama porque tengas que orinar o cagar me despiertas, pero no salgas de la cama sin permiso por ningún concepto, prefiero que manches las sabanas a que me desobedezcas. Afirmo con la cabeza. - Aunque estés amordazada debes responderme tratándome de amo. - mmm- afirmo de nuevo - Muy bien, este es el primer día de tu nueva condición, hoy empieza el resto de tu vida. - mmm- afirmo. - Así me gusta. Entonces me tendí a su lado, la cama olía a orines, me acerque a ella y así pasamos aquella noche. Aquel día no la toqué. |
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Stop a la Pedofilia
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