Relatos |
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Durante la noche dormí bien, de tanto en tanto notaba el cuerpo de Midori debajo del mío. A eso de las nueve de la mañana ya estaba totalmente despierto, ella también, pero seguíamos acostados, tenía atadas las manos, yo esperaba. Finalmente empezó a moverse nerviosa, me enlazaba con sus piernas, se movía mucho y hacia ruido tras la mordaza redonda: - Mmmmm. - ¿Te pasa algo? - Mm. - ¿Caca? - Mm - negó con la cabeza. - ¿Pipi?. Asintió, entonces le quité la mordaza. - Vale, ahora orinarás encima mío. - Pero te mancharé, amo. - No importa. Debes aprender dos cosas, que mi palabra es ley, y que aceptaré de ti lo peor, una vez te haya modelado. Debes ahora orinar encima mío. - ¿Y no me castigarás? - No. Así pues ella orinó encima de mí y manchó toda la cama, luego le di permiso para salir de la cama, nos levantamos, dejamos que los mayordomos arreglasen el dormitorio y nos fuimos a la ducha. - Ahora yo me ducharé, tu estarás dentro del cuarto de baño pero no puedes mojarte si no quieres ser castigada, quedarás vestida como hasta ahora, con los shorts y las bragas meados, el resto del cuerpo desnudo y las manos atadas a la espalda. Así lo hicimos. Mientras yo me estaba duchando entraron tres hombres y se pusieron detrás de Midori, vi que le tocaban el culo pero ella no se movió. - Muy bien - dije cuando ya había acabado- ahora te toca el ejercicio de cada día. Y la hice caminar por 2 0 minutos en la gran sala. La amordacé de nuevo con la mordaza redonda. Luego fuimos al comedor, me pusieron el desayuno en la mesa y la dejé ponerse donde quisiera, no había más silla que la mía, ella se puso a mis pies, arrodillada. Comenzaba a adoptar poses de verdadera sumisa, me estuvo mirando mientras yo comía. Cuando acabe el desayuno volvimos al gran salón y la hice arrastrarse, limpiando el suelo con la lengua, durante una hora. Cada diez minutos le dábamos diez palmetazos en el culo. Había un problema, había orinado mucho en poco más de veinticuatro horas, tenía que evitar que se deshidratase, entonces hice que trajeran un biberón, lo llené de agua, y la llevé a ella a la mesa. - Escúchame esclava, supongo que tienes sed. - Si, mi amo. - Muy bien, pues a partir de ahora para beber, vas a tener que hacerlo en biberón, y yo soy la única persona que puede darte de beber. - Si, amo. - Muy bien, siéntate. Se sentó en mis rodillas y le di de mamar, noté que se abría mucho de piernas y cuando le toque las tetas no se quejó o sea que aproveche para toquetearla por arriba y por abajo. En definitiva, me di el lote, no se quejó. No recuerdo cuantos biberones bebió pero, más de un litro, seguro, al agua, le puse azúcar disuelto para que Midori recuperase fuerzas. Cuando acabamos le toqueteé el culo, la volví a amordazar y mandé que me trajeran la comida, ella quedo, como en el desayuno, arrodillada a mis pies, yo le acariciaba el pelo. Luego la d ejamos hasta las cinco de la tarde encadenada a la pared, luego la desencadenamos y la hicimos caminar, a eso de las seis pidió orinar, le enseñamos la pared del rincón y allí orinó, con los shorts puestos. El coño le olía de mala manera a meados. Allí mismo acordamos que tenia que avisar cada vez que quisiese orinar o cagar o se llevaría veinte latigazos. A eso de las siete se la di al ama de llaves. - Tu, la primeriza, tienes que hacer que mi ama de llaves se corra. Entonces ella se tiró recta al coño de la otra y empezó a chapárselo, le metió la lengua en el culo, le lamió las tetas, seguía con las manos atadas a la espalda. - No lo hace mal, pero ha de aprender mucho- dijo Marga, el ama de llaves. Finalmente, después de una hora de revolcarse juntas, el ama de llaves se corrió en la boca de Midori. Entonces yo cené y mi esclava se puso en la postura habitual, amordazada para que no pudiese comer. A las nueve la llevamos a la cama y la arropamos, le quitamos la mordaza y la hicimos esperar allí hasta que empezó a tener ganas de orinar. - Que me meo, amo- gritaba, y nadie venia- por favor amo, me meo, por lo menos no me castigues, amo, que me meo. La dejamos gritar hasta que manchó la cama. La hice castigar con 5 latigazos porque la culpa era mía. Luego, cambiamos toda la ropa de la cama y mis hombres la estuvieron tocando, a Midori, por arriba y por abajo, la volvimos a poner en su sitio y entonces yo me puse en el mío, la noche anterior no la había tocado, hoy la toque e hice que me lamiese el pito y luego la puse en su sitio y nos dispusimos a dormir. Había pasado el segundo día. |
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Stop a la Pedofilia
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