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Una de mis escasas relaciones sexuales en tantos años ocurrió en un mes de Noviembre de
una manera accidental y totalmente inesperada. Y, también, de las rarísimas veces en mi
vida, con una mujer que no era amiga o vieja conocida. Las cosas sucedieron así:

Yo tenía que desplazarme a una ciudad no muy lejana dónde no había aeropuerto .Me molestaba porque, por comodidad y rapidez, donde hay vuelos prefiero ir en avión.

Y, si no lo hay, prefiero viajar en tren, no en coche, por la noche y en coche-cama individual. De esa forma no pierdo tiempo durante el día, llego descansada y hasta me da tiempo a revisar documentos si hace falta. Como mi viaje iba a durar tres o cuatro días porque, aparte de que el día de la llegada tenía un juicio, luego tenía que reunirme con mis clientes, una compañía bastante importante, con los que tenía que discutir varios proyectos y contratos que había que discutir, proyectar y estudiar. Dije que me sacasen una cama en departamento individual para la siguiente noche y una habitación el hotel al que solía ir cuando viajaba allí, que era uno de los mejores, moderno y céntrico, para la mañana de mi llegada y para un mínimo de tres días.

Al día siguiente, en el despacho, lo primero que hice fue poner en mi maletín de trabajo todos los documentos que tenía que llevar así como un par de leyes en edición de bolsillo. Cuando terminé entró mi secretaria personal, Toñi, y me dijo que con el hotel no había problema pero que en el coche cama no quedaban departamentos individuales y que tenía uno de dos camas pero que en la agencia le habían dicho que era muy probable que nadie ocupase la segunda cama. Me molesto porque me gusta ir sola por varias razones: porque, como suele hacer calor en el departamento y no hay forma de bajar la temperatura, me puedo acostar como me dé la gana, generalmente nada más que con slip y bra. Además, si ya duermo poco en mi cama, en el tren suelo dormir menos horas, por lo que me gusta pedir una o dos copas antes de dormirme mientras reviso los documentos, el juicio y lo que vaya a hacer al día siguiente. Trabajé normalmente y, por la tarde, me marché algo antes para pasar por mi casa a ponerme la ropa con la que iba a viajar y una pequeña maleta donde llevaba el resto de la ropa y las cosas de aseo. Como el tren no salía hasta las 22.30 me dio tiempo a ducharme tranquilamente y cenar algo ligero ya que el tren no llevaba restaurante al salir a esa hora y llegar a destino a las 8 de la mañana. Pedí un taxi y a las 22 estaba en la estación. Subí a mi vagón y el encargado me llevó a mi departamento. Coloqué mi maleta dejando el maletín a mano. Me quedé vestida de momento porque no sabía si iba o no a tener compañía. Por eso me había vestido con una camisa, una chaqueta y una falda relativamente ceñida pero cómoda. Así, según la compañía, a la hora de dormir, podía simplemente quitarme la chaqueta y dormir vestida pues que la falda u la camisa se arrugasen no me importaba.

Faltaban diez minutos para la salida y no venía nadie a ocupar la otra cama. Si nadie subía en el lugar de nacimiento del tren sería muy difícil que lo hiciera en una estación intermedia porque eran pocas estaciones el trayecto relativamente corto y el precio de la cama, alto. Pero, cuando yo empezaba a estar tranquila, se abrió la puerta y entró el encargado del vagón que, tras saludarme de nuevo, se volvió a hacia la puerta y dijo a alguien que yo aún no podía ver:”Un momento señorita que le preparo la cama”. En pocos minutos había abierto y preparado la cama que quedaba a mi lado con el pequeño pasillo entre ambas. Salió, metió el equipaje de la que iba a ser mi compañera de viaje y volvió a salir para darle paso. Ya en la puerta nos dijo las palabras de rutina:”Si desean alguna bebida, pulsen el timbre. ¿Quieren que las despierte a alguna hora determinada?”.Ambas al unísono dijimos que no. Entonces quedamos solas y se presentó:”Hola,yo soy Victoria”.Yo,un poco seca le dije:”Y yo Ana”.Se dedicó a colocar sus cosas y, mientras lo hacía, pude observarla con detenimiento. Tenía, año arriba, año abajo, mi edad. Era morena y algo más alta que yo. El pelo, castaño muy oscuro, casi negro. Lo llevaba cortado en melena corta que llegaba casi a los hombros. De cara era realmente guapa: cara ovalada, grandes ojos de color entre grises y azules oscuros, boca perfecta enmarcada por unos labios carnosos sin ser demasiado gruesos. Su tipo, que pude comprobar al quedarse ella con un vestido ceñido, parecía perfecto con justo lo necesario en cada parte del mismo, aunque destacaban sus pechos que parecían generosos.

Yo, a la espera de que hacer según tuviese compañía o no, estaba sentada en la cama fumando un cigarrillo. Cuando acabó de ordenar su equipaje, me imitó y se sentó frente a
mi. Le indiqué el cigarrillo y le pregunté si le molestaba y dijo que no, que ella iba a hacer lo mismo. El tren hacía cinco o diez minutos que había arrancado. Ella me dijo: ¿qué vas a hacer? Yo no sabía a que se refería y le pregunté: ¿Cuándo? Y dijo: “Ahora.claro.
Es demasiado temprano para intentar dormir. Además te digo que esperaba estar sola”.

Yo le contesté que también yo.”Pues yo voy a pedir un whisky. ¿Quieres tu otro u otra
cosa? Te invito”. Le dije que me gustaba el whisky pero que últimamente rara vez lo tomaba aunque iba a hacer una excepción y se lo aceptaba. Pulsamos el timbre y en seguida el encargado nos atendió trayéndonos dos vasos con hielo y dos botellines. En cuanto cerró la puerta ella empezó a decirme quien era y que hacía añadiendo:”Como vamos a ser compañeras forzosas hasta mañana de algo hay que hablar hasta que nos quedemos dormidas”. Debo admitir que era simpática y que consiguió vencer mi inicial mal humor al ver que tendría compañía. Me contó que era una importante directiva de una conocida editorial. Iba a la misma ciudad que yo porque se celebraba una feria-exposición de libros y su empresa tenía un importante “stand” y ella tenía que ver cómo marchaba y dirigirlo para que si divulgasen bien sus últimas obras importantes. Tenía que quedarse tres o cuatro días y no le apetecía porque era una ciudad con poco que hacer por la noche y, por tanto, bastante aburrida. En correspondencia le conté quien era yo y que iba a hacer allí y estuve de acuerdo con ella que la ciudad era bastante aburrida. Acabábamos la bebida y ella dijo que iba a pedir otro. Yo me sentí obligada a decirle que esta vez la invitaba yo. Nos lo trajo rápidamente el encargado y lo bebimos mientras hablábamos ya muy cordialmente de cincuenta cosas. Cuando acabamos los tragos y la conversación era ya tarde y empezábamos a sentir sueño. Ella me dijo: ”Si no te importa y como estamos entre mujeres voy a dormir en ropa interior porque aquí hace demasiado calor”. Yo le dije que por mi encantada porque también era mi idea. Nos desvestimos las dos y pude comprobar que su cuerpo y piernas eran aún mas perfectos que lo que había podido ver antes. Me metí debajo de la manta y la sábana y ella hizo lo mismo. Apagamos la luz y ya a oscuras, salvo la luz exterior que se filtraba de vez en cuando por la ventanilla, le dí las buenas noches. Ella me las deseo a mi y añadió:”Por cierto, tienes un cuerpo precioso”.

Yo me quedé con esta frase en la cabeza hasta que caí dormida.

Llegamos a la hora prevista. Una hora antes nos habíamos levantado, aseado y vestido las dos. El tren llevaba una diminuta cafetería para dar un café y poco más a los insomnes o a los muy madrugadores. Victoria optó por ir a tomar uno y yo prefería esperar un poco hasta llegar al hotel pues quería desayunar bien ya que me esperaba un largo día de trabajo. Al llegar a la estación como mi equipaje era ligero lo llevé yo misma y me dirigí rápido a coger un taxi que me llevase al hotel. Victoria me alcanzó para despedirse y me preguntó a que hotel iba. Se lo dije y me contestó que ella también, lo que no era extraño pues, como dije, era de lo más nuevo, moderno y mejor de la ciudad, sobre todos si hay que permanecer más de una noche. Compartimos el taxi ya que el destino era el mismo. Al llegar al hotel me dirigí a recepción, me identifiqué y rápidamente me dijeron cual era mi habitación. Un botones me cogió el equipaje y lo subió. Me quedé unos segundos para decirle a Victoria que ya nos veríamos. Casi no me escuchó porque estaba entre furiosa y desolada. Por lo visto su reserva no estaba bien hecha o la habían cogido mal y, desde luego, no tenían habitación para ella al menos para esa noche pues el hotel estaba lleno precisamente por la feria o exposición a la que ella venía. Su desolación, que le repetía una y otra vez al encargado se debía a que había citado en aquél hotel a todas las personas que tenía que ver por su trabajo. Insistía una y otra vez y le respondían lo mismo diciéndole que le buscarían habitación en un hotel de similar categoría, si tenían algo libre. Ella estaba a punto de llorar. Me dio pena y le dije:”Victoria, yo tengo una habitación individual pero con cama de matrimonio. Si no te encuentran nada y no te importa compartir cama con una desconocida, puedes dormir conmigo esta noche”.Se volvió hacia mi y me sonrió con una preciosa sonrisa. Parecía menos tensa y relajada, como si le hubiese quitado un gran peso de encima. Me contestó: ¿Lo dices en serio? Le contesté, “Pues claro. Si no te encuentran nada que te suban el equipaje a mi habitación”. Y se lo dije al encargado para que no hubiese duda alguna. A ella le dije:

“Yo tengo que ducharme y cambiarme de ropa para ir al juicio que tengo. Pero antes voy a desayunar como es debido. Mientras te encuentran algo o te suben el equipaje a mi habitación ¿por qué no me acompañas? Ella aceptó. Pasamos al comedor. Yo pedí un desayuno como suelo tomarlo y ella sólo pidió un café con poca leche pero grande. Me dijo que estaba demasiado nerviosa y preocupada por la situación y que no podía comer nada. Luego me dijo: ya que seguramente vamos a estar juntas, por favor llámame Viky o Vic que es como me tratan todos los conocidos y amigos. Victoria no me gusta. Le dije que, por mí, de acuerdo. Terminé mi desayuno y me despedí de ella que prefirió quedarse en recepción para ver si arreglaba su problema. Subí a mi habitación, me duché y me vestí con lo que yo llamo “el uniforme” que es el traje –con pequeñas variantes según el abogado sea hombre o mujer- que se exige en los Juzgados y Tribunales: un traje de chaqueta azul oscuro, con falda ceñida (de“tubo”se decía), camisa blanca y y, a imitación de la corbata masculina, una pequeña cinta negra debajo del cuello de la camisa anudada por encima del primer botón de la camisa y que llega casi hasta la falda. Para aquel juicio no necesitaba toga y, si así fuese por capricho del juez, cogería una de la Sala de Togas en lugar de cargar con la mía propia. Tomé mi maletín con los documentos y apuntes necesarios y me fuí sin más. El juicio se celebró con sólo media hora de retraso sobre la hora prevista, lo que es casi un record. Fue relativamente breve y salió según lo previsto aunque la sentencia tardaría unos dias. Tras charlar un rato con el abogado contrario que quería encontrar una solución amistosa, llegamos a un acuerdo cuya aprobación dependía de nuestros respectivos clientes. Cuando llegué de vuelta al hotel eran las 13 horas y yo no quería comer antes de las 14 o 14.30 ya que la cita con mis clientes en sus oficinas era a las 17,es decir a las 5 de la tarde. Decidí no cambiarme de ropa para esa reunión, pero subí para refrescarme un poco. Ví que estaba el equipaje de Victoria. Me refresqué un poco y bajé al bar a tomarme una cerveza en el bar antes de pasar al comedor, sobre todo para matar el tiempo y fumar un cigarrillo tranquilamente. Sobre las dos de la tarde pasé al comedor. Busqué una mesa peña de sólo dos cubiertos. Me trajeron la carta y elegí un primer plato muy ligero y de segundo una de las especialidades de la región, cordero lechal asado, que a mí me encanta. Cuando estaba esperando que me trajesen el segundo, entró Victoria, bueno Vic en adelante, y ví que me buscaba con la mirada. Cuando me localizó vino a sentarse a sentarse a mi mesa. Nos saludamos y se sentó. Tras preguntarnos mutuamente como nos habían ido la cosas (a ella bien gracias a poder quedarse en el hotel), hablamos de cosas triviales. En un momento, en tono de broma, le dije:”Veo que has subido a la habitación y te habrás quedado tranquila porque comprobarías que la cama matrimonial parece una plaza de toros por el tamaño y que sirve hasta para un matrimonio...separado”. Ella sonrío forzadamente y se sonrojó tanto que ni su tez morena pudo ocultarlo. Le pregunté si yo había dicho algo inconveniente que la hubiese molestado. Me dijo que no, que es que estaba pensando en otra cosa. No le dí más importancias y seguimos hablando de diversas cosas. Yo terminé mi comida con un ligero postre y esperé a que ella terminase su comida. Tomamos café juntas y luego me despedía. Quería tumbarme encima de la cama un rato y coger los documentos para la reunión de la tarde. Ella se quedó. Subí, me relajé un rato tumbada encima de la cama, cogí todo lo que necesitaba y me marché a mi reunión de la tarde. Todo fué bien. Me hablaron de lo que querían hacer, les dí varias sugerencias y posibilidades jurídicas, quedando en volver a reunirnos sobre las diez treinta de la mañana siguiente. Cuando llegué al hotel no eran ni las ocho de la tarde. Subí a mi habitación, dejé el maletín, me duché y me puse ropa más alegre: una especie de camisa blanca, cerrada, sin botones y muy escotada y una falda más corta y amplia, también azul pero más claro. Bajé al bar y pedí una cerveza. Empecé a beberla despacio y tranquilamente, fumando un cigarrillo haciendo tiempo hasta la hora de la cena. Mientras esperaba que pasase el tiempo entró Victoria, Vic. Se sentó en una banqueta a mi lado y me dijo que gracias a mi su tarde había sido perfecta en el trabajo pues, aparte de controlar su “stand” un tiempo, pudo recibir en el hotel todas las visitas y llamadas que tenía previstas. Luego me dijo que si yo iba a cenar le gustaría hacerme compañía. Yo le dije que, por mi parte, no había inconveniente. Yo quería cenar pronto porque estaba cansada. Cuando llegó la hora pasamos al comedor. Yo pedí un consomé y un pescado ligero. Ella se apuntó a lo mismo. Terminamos con un postre también ligero. Luego ella quiso café y yo pasé pues me suele quitar el sueño, pero le hice compañía mientras lo bebía. Cuando lo terminó, empecé a despedirme pero ella me interrumpió diciéndome:”Por favor, Ana, lo menos que puedo hacer es invitarte a tomar una copa. Acéptamela”. Miré la hora y era temprano aún. Le dije que aceptaba pero sin salir del hotel. Y le expliqué que había otro bar dentro, más amplio y elegante que, además, tenía un piano encantador. Y allí nos fuimos. Cuando entramos me fijé cómo estaba el piano porque tenía un pequeño mostrador pegado al mismo que lo rodeaba. Ví que había dos banquetas juntas libres y corrí hacia ellas mientras le dije a Vic que me pidiese un licor sin alcohol de avellana o almendra y que la esperaba en el piano. No tardó en venir con mi licor y su sempiterno whisky .Cuando se sentó a mi lado le expliqué que me gustaba aquel sitio porque daba tiempo a pedirle al pianista que tocase melodías que te gustaban. Y le dije al pianista que, cuando pudiese, tocase alguna de mis cosas preferidas, todas melodías clásicas muy conocidas de los años 40 y 60.Y nosotras empezamos a hablar como si ya nos conociésemos de toda la vida. Acabé mi bebida e hice ademán de despedirme. Ella me dijo que no era tarde y que, además, no estaba tomando alcohol. Y sin decir más fue a la barra a pedir una más para cada una. Cuando regresó le dije:

”Gracias Vic, pero después de esta me voy a la cama porque estoy cansada y mañana tengo un largo día de trabajo”. Solo dijo que bueno, pero que ella quizás se quedaría un rato más porque no tenía sueño y le encantaba el sitio. Seguimos hablando y, cuando yo estaba terminando mi bebida le dije en broma:”Bueno, espero que cuando subas no te asustes si encuentras un monstruo en la cama”. Me arrepentí porque se había sonrojado más aún que a medio día. Noté que no le había hecho ninguna gracia y, rápidamente, cambié de tema. Terminé mi licor, me levanté y me despedí de ella con un leve beso en la mejilla y dándole las buenas noches. Ya en la habitación noté que la temperatura era perfecta. En esas condiciones me hubiera acostado desnuda pero, dado que iba a tener compañía, tras pasar rápidamente por la ducha y hacer mi aseo nocturno, opté por ponerme una pequeña tanga o slip y cubrirme con un ligero camisón, casi transparente, muy escotado y que me llega a menos de la mitad de los muslos. Me acosté, como siempre, sobre mi lado derecho y de espaldas al lugar que ella ocuparía. Al cabo de media hora no me había dormido todavía aunque ya notaba las brumas que empiezan a cubrir el cerebro cuando el sueño está cercano. La oí entrar, asearse en el baño y sentí cuando se metió en la cama. Traté de conciliar el sueño. Pero me fue imposible porque ella no hacía más que dar vueltas en la cama muy inquieta. Tanto que, tras un rato, me desveló del todo. Se movía sin parar y creí que le sucedía algo. A oscuras, salvo por la pequeña claridad de las luces de la calle que se filtraba por la ventana –que nunca cierro totalmente aún en pleno invierno pues me gusta que entre aire- dí media vuelta buscando su cuerpo y con mi brazo izquierdo busqué su hombro, que encontré fácilmente Puse mi mano sobre él y la sacudí ligeramente al tiempo que le preguntaba si se encontraba bien, si le sucedía algo. Ella se detuvo en sus movimientos y se arrimó a mi. Y empezó a llorar quedamente. Yo insistí y le dije:”Pero ¿qué es lo que te pasa?¿Puedo ayudarte en algo?”.Ella dejó de llorar y, con voz a punto del llanto, me dijo:

”Verás, lo que me sucede es lo que me sucedió cuando me sonrojé hoy dos veces. Perdóname pero mi problema es que me gustan las mujeres, es decir, soy lesbiana. Y tu una mujer hermosa y deseable. Y, al saber que teníamos que dormir juntas, empecé a pasarlo mal. Y ahora, al tenerte tan cerca, estoy luchando contra mi deseo de acercarme a ti para hacerte el amor. Perdóname. Mañana me iré a donde sea que me encuentren una habitación si aquí no queda una libre. Lo siento de verdad. No deberías haber sido tan generosa ofreciéndome tu habitación.” Y empezó a medio llorar otra vez. Su confesión me excitó y me dio pena por ella. Yo busqué su cara y la acaricié ligeramente para tranquilizarla. Y le dije:”¿Quieres que te conteste sinceramente? Me dijo que sí. Y le contesté pero no con palabras. Busqué su boca y empecé a besarla en los labios tratando de abrir su boca con mi lengua. Ella, pasada su sorpresa inicial, abrió su boca y nos enzarzamos en un interminable beso que hubiese durado eternamente si yo no me separo. Entonces le dije: ¿Te he contestado bien y me he explicado lo suficiente? Yo también lo soy y llevo todo el día“caliente”cuando estás a mi la do. ”Ella se quedó callada, como muda, durante bastantes segundos. Cuando volvió a hablar fue para decirme con voz que denotaba a la vez sorpresa e incredulidad: ¿De verdad? Yo solo le dije“¿No te he contestado ya y, además, prácticamente? Lo he sido siempre, desde pequeña, aunque, por mi trabajo y mi despacho, tengo que disimular”Vic reaccionó. Suspiró profundamente con aliviada de un gran peso y me dijo:”Jamás lo hubiese imaginado si tu misma no me lo dices!”.Y me devolvió en beso pero ahora quedamos pegadas como dos ventosas, no solo con nuestras bocas sino que cada punto posible de nuestros cuerpos quedó en contacto con el otro. Recuerdo que estuvimos así tanto tiempo que me pareció eterno. Sin decirnos nada, nada más que sintiendo cada una el calor y el cuerpo de la otra y besándonos, de vez en cuando, con pasión y sin prisas. Al cabo de un rato, cuando las dos convencimos que era real lo que estaba sucediendo, fuimos quedándonos desnudas y empezamos a recorrer nuestros cuerpos, con hambre, como si ambas llevásemos años de ayuno. Encendimos la luz aunque la pusimos muy amortiguada, lo suficiente para que cada una pudiese ver el tesoro que había descubierto y que ya era de su propiedad, al menos por aquella noche. Después empecé yo a recorrer todo su precioso cuerpo hasta llegar a su monte de Venus y sus muslos, aunque sin profundizar en nada aún, simplemente como preparación para la larga noche que nos esperaba. Luego fue ella la que inició ese juego iniciático. Yo ya estaba excitadísima por todo: por encontrarme en una situación ni buscada ni esperada, por mi abstinencia ya larga de sexo, por su precioso cuerpo... por todo. Y de pronto surgió la sorpresa: ella, al llegar a mi monte, en lugar de hacer lo que yo había hecho, lamerlo superficialmente, no pudo resistir la tentación y con dos sus dedos separó mis labios y, de entre ellos, saltó como una serpiente mi clítoris que se había excitado hasta alcanzar no sé si el máximo tamaño pero sí, al menos unos 4 centímetros. Vic se separó mientras casi me gritó “Pero ¿qué es esto? ¿Qué es esta maravilla? ¿Por qué no me lo habías dicho?

Yo, humildemente, le dije que porque no siempre se ponía así. Que tenía que estar muy excitada para que alcanzase aquél tamaño. Ella no contestó y se limitó a cogerlo con dos de sus dedos y empezar a tocarlo como si se tratase de un pene. Yo me queje con una mezcla de dolor y placer. Ella debió notar que aquel trato no me agradaba demasiado y, sin soltarlo, lo puso entre sus labios y empezó a mordisquearlo con suavidad y cariño, para luego chuparlo y pasar la punta de su lengua por la punta del mismo. Luego, sin dejar lo anterior, empezó a introducirme primero un dedo, luego dos y no sé si hasta tres o cuatro en lo más profundo de mi vagina, iniciando una suave y delicada inspección para continuar con un“mete-saca”que junto a su continuada succión de mi clítoris me hizo alcanzar un orgasmos antológico, de los largos, largos. Empecé con uno breve de unos instantes y a partir de ahí continuó mi proceso multiorgásmico, aumentando la intensidad y la duración de los mismos hasta alcanzar la cúspide del pico a los 8 o 9 minutos (en cuyo momento ella tuvo que taparme la boca para que mis quejidos no se oyesen en la habitación contigua) y me corrí como si tuviese dentro de mi una catarata, flujos que ella bebía con ansia y avidez. Mis picos orgásmicos empezaron a disminuir en duración e intensidad y terminé el último, ya casi imperceptible, al cabo de unos 12 minutos desde el inicio del proceso, que- dándome exhausta completamente mientras oía decir a Vic: “Caray, creí que no terminabas nunca. ¿Te pasa siempre igual?”Yo le dije que no siempre. Me dejó recupararme tumbándose a mi lado acariciando mi cara con delicadeza. Cuando me recuperé le devolví el favor lo más completamente que pude.

En un momento, cuando esta a punto de venirse y mientras yo devoraba su clítoris y le introducía casi hasta la mano, me pidió que, por favor, le pasase la lengua por su agujero posterior. La complací también en eso y cuando noté que llegaba al final, volví a concentrarme en su clítoris y vagina, dejando un dedo dentro de su ano hasta que terminó inundando mi boca de su leche deliciosa que yo también saboreé con avidez y placer. Después descansamos las dos abrazadas y comentado la deliciosa noche que habíamos pasado. Aunque ya recuperadas nos apetecía seguir, fuimos sensatas porque las dos teníamos trabajo al siguiente día y debíamos dormir algo. Ya a oscuras y mientras nos quedábamos dormidas me dijo: ”Ana, cariño, si no te molesta, ahora no me gustaría irme a otro hotel si me encuentran habitación. Nos quedan sólo dos días aquí. ¿Tu prefieres que me vaya?”.Yo le dije que claro que no y añadí: “Mira: no va a haber ningún problema para que te quedes aquí y, además, sin que nadie piense nada raro. Conozco bien la ciudad y el hotel y me apuesto lo que quieras contigo a que, con la cantidad de gente que hay estos días, no te van a encontrar ni una habitación aquí ni en ninguno de los pocos hoteles decentes y céntricos que hay. Como mucho te encontrarán una a las afueras, a algunos kilómetros de aquí. O sea que mañana por la mañana bajaremos a desayunar juntas. Primero iremos a recepción para preguntar si ya te han encontrado algo. Te van a decir mas o menos lo que yo te acabo de decir. Y entonces yo, con cara medio de enfado y medio de resignación, diré que ya para dos noches que me quedan que no me importa seguir compartiendo mi habitación contigo. ¿Te parece bien la idea? Por respuesta me dio un beso profundo y luego dijo: ”Eres un cielo y una cabrita muy lista y calculadora”. Y nos quedamos dormidas muy juntas.

Al despertamos al día siguiente era bastante pronto. Nos saludamos con un largo beso que nos preparo a las dos para un“desayuno privado”consistente en un delicioso“69” francamente satisfactorio para ambas. Después de ducharnos y vestirnos bajamos a desayunar algo material. Antes nos pasamos por recepción para preguntar por su habitación y todo sucedió como yo había calculado. Así que con cara de resignación y enfado dije tanto a ella como a recepción que podía quedarse en la mía. Pasamos a desayunar y tras hacer la comanda, ambas soltamos una carcajada por nuestra actuación en el mostrador de recepción.
Quedamos citadas para comer si es que nuestros trabajos nos permitían regresar.

No sé cómo lo hizo pero el caso es que consiguió llegar para la comida, que compartimos.
Hasta para una pequeña “siesta” que también compartimos aunque ninguna de las dos quiso dormir, prefiriendo....jugar.

En el tiempo que aún nos quedamos allí tratamos de hacer coincidir nuestros tiempos libres para disfrutarlos juntas. Incluso organizamos nuestro regreso juntas, encargando un coche-cama para dos personas. Hablamos durante media noche, tomamos algunas copas e, incluso, hicimos como pudimos brevemente el amor. Eso sí: nos intercambiamos teléfonos y direcciones.

Una vez en Madrid continuamos viéndonos y teniendo relaciones siempre que ella –que tenía que viajar mucho- podía. Esto duró unos meses hasta que, con harta pena por parte de ambas, ella fue trasladad a la central que estaba en Barcelona. Aún así, manteníamos cierto contacto por teléfono y, cuando ella tenía que venir, buscábamos encontrarnos y pasar la noche que estaba aquí juntas. Con el tiempo y por su trabajo, dado que ascendió, prácticamente dejó de venir y nuestra relación a enfriarse hasta llegar a la hibernación total.

Ana.

ana-sdd@terra.es

 

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